Luca me miró con dureza.—Elena, ese brazalete no está a la altura de tu hermana.Sostuve su mirada.—Entonces, ¿por qué sí está a mi altura?Vaciló un instante y luego sonrió.—Cuando tú y Bianca eran pequeñas, todos decían que parecías su sombra. El rubí es demasiado llamativo para ti. El negro te queda bien. Es discreto y sencillo.Una sombra.Bianca y yo éramos gemelas, pero desde que nacimos todos me trataron como si fuera una copia deslucida, indigna de estar a su lado. Bianca siempre fue la mejor estudiante de su clase. Yo estudiaba hasta el agotamiento y, aun así, apenas lograba alcanzar el promedio de la clase. Durante diez años, cargué sus bolsos, arreglé sus vestidos y escuché cómo me llamaban “la sombra”.Le repetí a Luca que detestaba ese apodo.—Está bien. No volveré a decirlo —respondía siempre. Pero cada vez que Bianca estaba presente, esas palabras volvían a herirme.Miré a Luca con calma.—Terminemos lo nuestro.Luca intentó apaciguarme con una sonrisa.—Basta. Si no
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