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Capítulo 2

Autor: Ding
Era la única que seguía en la oficina después de terminar el informe. Desbloqueé el celular y vi que Vera había subido varias publicaciones nuevas a sus redes sociales.

En la foto, ella y Cain estaban en un bosque, sentados frente a una fogata, asando lo que habían cazado. Él cortaba la carne con movimientos elegantes antes de ofrecérsela.

El pie de foto decía: “La carne que prepara un Alfa con sus propias manos sabe mucho mejor”.

Lobos de otras manadas inundaron los comentarios, diciéndoles a Vera y a Cain que hacían una pareja perfecta. Algunos incluso preguntaban cuándo podrían ir a su ceremonia de unión.

Ella respondía a los comentarios con un emoji entre pícaro y tímido.

En vez de llamar a Cain hecha una histérica para exigirle explicaciones por su coqueteo con Vera, como habría hecho en el pasado, le mandé un mensaje con total tranquilidad para avisarle que el informe estaba listo. Acto seguido, dejé los documentos sobre su escritorio y me fui a casa.

***

Apenas llegué a casa, recibí una llamada de Cain.

—Leah, soy Vera. Gracias por avanzar con el informe, la próxima vez te invitaré a comer —dijo su voz dulce al otro lado de la línea en cuanto se conectó la llamada.

Antes de que pudiera responder, Cain interrumpió de golpe:

—¿Por qué le agradeces? Es su trabajo.

—Es tu pareja destinada, Alfa Cain. Deberías hablarle con cariño —respondió ella.

La familiaridad con la que se hablaban hacía parecer que la verdadera pareja eran ellos, no Cain y yo; ante eso, no pude evitar soltar un bufido de desdén.

Cain vivía pegado al teléfono; se molestaba cada vez que le pedía prestado el aparato por un momento y de inmediato me acusaba de invadir su privacidad. Sin embargo, para mi sorpresa, a Vera la dejaba usarlo sin dudarlo.

Estaba claro que entre ellos había algo especial.

Aun así, en ese momento estaba extrañamente tranquila. Antes, darme cuenta de algo así me habría hecho sentir que el mundo se me venía abajo. Ahora, sencillamente ya no me importaba.

Después de bromear un rato, ellos por fin se dieron cuenta de que yo seguía en la línea.

—Vuelvo pronto —dijo con desprecio—. No hace falta que me esperes. Acuéstate temprano.

Y colgó enseguida.

Yo sabía que su “pronto” significaba que no volvería hasta dentro de cuatro o cinco días.

Antes lo habría esperado, consumida por la frustración y la angustia. Pero en ese momento ya no me importaba su regreso, y retomé con calma lo que hacía antes de la llamada.

Miré el calendario que tenía sobre la mesa. Un mes atrás, cuando ellos estaban de vacaciones, presenté ante un sabio una solicitud para dejar la manada. Tal como esperaba, Cain estaba tan ocupado con Vera que aprobó mi solicitud sin siquiera revisarla.

Solo quedaba una semana. En siete días, mi solicitud quedaría tramitada y podría dejar la manada.

***

Al día siguiente, desde la oficina, le escribí a mi mejor amiga de la manada Northcliff, Ella Proud.

Mamá se había casado con un lobo de la manada Northcliff cuando yo tenía ocho años. Por eso, el Alfa de esa manada quería que yo también me uniera a ellos.

Sin embargo, rechacé su propuesta sin dudarlo. Ella había intentado hacerme cambiar de opinión, pero yo estaba decidida a quedarme al lado de Cain y regresé a la manada Southglade. Ahora me daba cuenta de lo necia que había sido.

Los sentimientos pueden cambiar de un día para otro; ahora entiendo que jamás debí renunciar a todo por él. Cuando Ella contestó la llamada, le conté cada detalle de lo que había pasado; aunque creí que me regañaría por mi ceguera, ella solo soltó un largo suspiro.

—Te dije que Cain no era para ti, Leah. Te advertí que te quedaras en la manada Northcliff, pero no me hiciste caso. Seguro que ahora te estás arrepintiendo de tu decisión, ¿cierto?

Resopló antes de preguntar:

—¿Así que ya decidiste volver con nosotros?

—Sí —respondí—. Ya entregué todo lo necesario para dejar la manada Southglade.

—¿Dejar la manada Southglade? ¿De qué estás hablando?

La voz llegó desde detrás de mí, con sorpresa. Volteé justo a tiempo para ver a Cain entrar en la sala; en ese instante, empecé a devanarme los sesos intentando inventar una explicación coherente, pero, por fortuna, su teléfono comenzó a sonar. Era un mensaje de Vera; decía que se había topado con un ciervo herido de camino a casa y que se había detenido a recolectar algunas hierbas medicinales.

—Qué lindo —respondió Cain.

La respuesta de Vera llegó al instante.

—¿Quién es más lindo, yo o el ciervo?

Enseguida mandó una selfi en la que hacía puchero, señalaba la cámara con una mano y abrazaba al ciervo con la otra.

Cain no pudo evitar sonreír al ver el celular.

—El ciervo es lindo, pero tú lo eres más.

Cuando por fin recordó que yo estaba ahí, contuvo la sonrisa de inmediato y su expresión se endureció; entonces, clavó su mirada en mí y preguntó:

—¿No te dije que te acostaras temprano? ¿Qué haces todavía aquí?

El tono frío con que me hablaba no tenía nada que ver con el que usaba con Vera. También era evidente que se había olvidado por completo de que yo acababa de mencionar que me iba de la manada.

Me reí entre dientes. Sin dar explicaciones, me limité a decir:

—Tenía algo que terminar.

—Ya es tardísimo. ¿Qué tenías que hacer? ¿Por qué no lo terminaste antes? No es por criticar, Leah, pero esa costumbre tuya de dejar todo para después se te está saliendo de las manos —me reprochó, molesto.

No iba a explicarle que mi supuesta costumbre de postergar las cosas se debía a que él siempre me cargaba con trabajo de un momento a otro; tampoco sentí la necesidad de aclararle que me resultaba imposible rechazar las tareas que me asignaba, aunque terminara completamente agotada.

Cain no dijo nada más al ver que yo seguía callada. Entró en su despacho y cerró la puerta detrás de él. Al poco rato, desde adentro empezaron a oírse risas animadas.

Era raro escucharlo reír con tanta alegría; parecía que solo se sentía así cuando estaba con Vera, pero a mí ya no me importaba en lo absoluto.

Me senté en mi escritorio y seguí revisando la información sobre la manada Northcliff que me había quedado pendiente.

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Último capítulo

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