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Capítulo 05: Dame el divorcio, CEO.

last update تاريخ النشر: 2026-10-08 01:57:07

Capítulo 05: Dame el divorcio, CEO.

~ Ashley ~

—Te lo explicaré —dijo Franco, mientras quitaba la tapa del bolígrafo con una calma controlada y fría—. Este matrimonio solo durará tres años. Durante ese periodo, todos los negocios Grimaldi-De Luca finalizarán con éxito.

—¿Cómo puedes decirlo con tanta certeza? —pregunté, frunciendo el ceño.

Franco levantó sus ojos grises hacia mí, como si mi pregunta fuese absurda.

—Porque no estoy acostumbrado a dejar mis negocios en manos de la suerte. Pero eso no lo entenderías aunque te lo explicara. Simplemente lo haré realidad.

Apreté los labios, molesta por aquella seguridad con la que hablaba, pero antes de que pudiera responderle, Franco estampó su firma en varias páginas de aquella carpeta negra.

—En esos tres años, Luciano De Luca morirá —dijo de pronto.

—¿Eh?

Yo… me quedé helada.

—En su funeral entrará en vigencia el acuerdo, después de que sea procesado por mi abogado. Nuestro divorcio será un hecho definitivo. Y sin Luciano estorbando, volveré con Valentina.

Me quedé en shock. Ni siquiera pude parpadear, simplemente sentí que mi cuerpo se congelaba mientras aquellas palabras se repetían una y otra vez dentro de mi cabeza.

«En tres años Luciano morirá».

¿Cómo podía saberlo?

¿Mi padre iba a morir?

—¿Por qué mi padre moriría? —me atreví a preguntar con seriedad, aunque un ligero temblor en mi voz terminó traicionándome.

No lo amaba. No lo veía como un padre. No había hecho realmente nada bueno por mí, y cuando finalmente intenté buscarlo, terminé vendiéndome como esposa sustituta.

Pero era mi padre… y aunque no quisiera admitirlo, una parte muy profunda de mí tenía curiosidad por él.

Quería conocerlo un poco más, saber cómo era, escuchar alguna vez de sus propios labios qué había ocurrido entre él y mi madre, incluso descubrir si en algún momento de su vida yo había significado algo para él.

Franco dejó el bolígrafo sobre la mesa y se apoyó contra ella. Frente a mí, cruzó los brazos y sus ojos grises se clavaron en los míos con una frialdad cortante que me dejó claro que no estaba bromeando.

—Luciano tiene cáncer.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

—Él… ¿está tan grave?

—Sí. Gasta una fortuna en tratamientos en el extranjero para alargar su vida, pero solo consigue tiempo. No lo ha hecho público y probablemente nunca lo hará.

Negué rápidamente con la cabeza.

Era demasiada información para procesarla de golpe.

No hacía mucho había perdido a mi madre en un trágico accidente automovilístico, donde el culpable se dio a la fuga y jamás lo encontraron.

Y ahora me decían que el único familiar de sangre que me quedaba también iba a morir.

Sentí que mi cuerpo iba a colapsar y me aferré con fuerza al borde de la mesa.

Mis ojos verdes descendieron hacia el documento, y leí las palabras impresas en letras grandes:

«ACUERDO POSMATRIMONIAL. FECHA DE DIVORCIO ACORDADO».

Tragué saliva con inquietud. Mis dedos comenzaron a temblar mientras Franco tomaba nuevamente el bolígrafo y me lo acercaba.

—La muerte de Luciano solo traerá dicha a todos. Firma. Quién sabe, quizá en tres años logres quitarle algo de la herencia total que tendrá Valentina si eres buena hija —dijo con un tono casi cruelmente burlista.

Mis ojos se llenaron de lágrimas. Me sentí humillada.

Levanté la mirada hacia él, incapaz de contener la rabia que comenzaba a crecer dentro de mí.

—¿Por qué lloras, Ashley? —preguntó con aquella frialdad suya—. Eso eres, ¿no? Solo una cazafortunas interesada que…

No lo pensé dos veces. Mi mano salió disparada contra su rostro.

¡PLAF!

La bofetada impactó directamente contra su mejilla y el sonido resonó por toda la sala.

Franco se quedó completamente inmóvil, su rostro permaneció ligeramente girado durante un instante, hasta que volvió lentamente la mirada hacia mí.

Sus ojos grises se habían vuelto todavía más fríos y cortantes, pero no levantó la voz ni hizo el menor movimiento para devolverme el golpe.

Simplemente me observó en silencio, y aquella reacción contenida consiguió ponerme aún más nerviosa.

—¡No sabes NADA de mí, Franco Grimaldi! —grité furiosa, sintiendo que las lágrimas volvían a acumularse en mis ojos. Ni siquiera sabía de dónde demonios estaba sacando semejantes agallas para enfrentarme a aquel poderoso CEO, un hombre que sabía perfectamente que podía destruirme en cuestión de segundos—. ¡No soy nada de lo que crees! En primer lugar, no estaría aquí si tú me hubieses evaluado justamente.

El silencio reinó en la sala.

Sabía que había cruzado una raya, pero tampoco iba a dejarme maltratar por ningún hombre. Jamás.

Tomé el bolígrafo y firmé.

Firmé todo sin leerlo, sin importarme siquiera qué decía cada página.

Ya no quería saber nada más.

Cuando terminé, él tomó la carpeta inmediatamente y revisó las páginas con rapidez antes de cerrarla.

—No habrá anillos matrimoniales —comenzó a hablar con aquel tono frío y decidido que no admitía objeciones—. Vivirás en un penthouse en Roma. Yo cubriré todos tus gastos durante el matrimonio. Serás vigilada todos los días. Tienes prohibido serme infiel, por cuestiones de apariencia. Tampoco me meteré con otras mujeres.

Sí, claro.

“No estaría con otras mujeres”

Sabía perfectamente que seguiría junto a Valentina, mi propia media hermana, pero ya no importaba.

No me importaba nada.

—Tienes prohibido mencionar absolutamente a nadie que estás casada conmigo. Solo actuarás como mi esposa frente a mis padres, por respeto a ellos. Esperan que esto se vuelva…

Franco hizo una pausa, y por un instante, pareció medir sus palabras.

—¿«Real»? —terminé la frase por él—. Pero jamás será así. Lo entendí todo. Puedes irte.

Él se limitó a girarse y comenzó a caminar hacia las puertas de cristal.

Mi mirada siguió cada uno de sus movimientos mientras se alejaba.

Justo cuando iba a salir, se detuvo y giró ligeramente el rostro hacia mí.

—Ashley.

—¿Sí?

—Volverás como practicante a Fiore di Zucchero Grimaldi.

—¿Qué?

Me quedé inmóvil.

¿Había escuchado mal? ¿Se estaba burlando de mí? ¿Era una maldita broma?

Mi corazón comenzó a latir con mucha fuerza mientras intentaba comprender qué acababa de decirme.

Franco permaneció serio.

—¿No quieres volver a empezar? Tendrás otra oportunidad para iniciar de cero tu propio camino.

Lo miré sin saber qué pensar.

—¿Es… es acaso una manera también de vigilarme ahora que estamos casados en secreto? —deduje con la voz quebradiza.

—También. Pero sacarás provecho.

Sin decir más, Franco Grimaldi se marchó.

Solo cuando las puertas de cristal se cerraron detrás de él sentí que mis piernas perdían toda la fuerza.

Caí sentada sobre el suelo de madera pulida con lágrimas en los ojos.

¿Él había reconocido su error? No… imposible.

Franco no parecía el tipo de hombre que reconociera fácilmente sus errores.

Sin embargo, me había dado una oportunidad más, una oportunidad para volver a empezar y demostrar que podía alcanzar mis metas por mi propio esfuerzo.

Cubrí mi rostro con las manos y lloré.

Lloré hasta quedarme sin lágrimas, aunque, de alguna manera, aquellas lágrimas también eran de felicidad.

Después de todo, todavía tenía una oportunidad de construir algo para mí. Me esperaba un futuro brillante, estaba segura de ello.

Y así fue como el tiempo pasó volando.

……….

Un otoño nuevo llegó a mi vida en Italia, luego otro… y uno más.

Hasta que llegó aquel tercer año.

El año en que recibí la noticia de la muerte de mi padre, Luciano De Luca, quien finalmente había perdido la batalla contra el cáncer.

Me encontraba completamente vestida de negro, sentada dentro de una elegante limusina que avanzaba directamente hacia el velorio en la mansión De Luca.

En mis manos pálidas y temblorosas sostenía un pañuelo con el que limpiaba mis lágrimas.

Me dolía. Sentía que me faltaba el aire y que mi corazón se partía en dos.

Durante aquellos años había recordado muchas veces mis intentos de acercarme a él, porque quería conocerlo.

Lo invitaba a mis presentaciones de pastelería, a cada evento importante.

Al principio, todo quedó reducido a una invitación enviada y a un invitado que nunca llegaba, pero hacía un año finalmente lo hizo, y desde entonces, nuestra relación había cambiado.

Quizá se acercó a mí por lástima.

Quizá fue porque sabía que moriría.

No lo sabía.

Y ahora ya no tendría la oportunidad de preguntárselo.

Volví mi mirada hacia mi bolso, donde asomaba aquella carpeta negra con los papeles del divorcio.

Después del funeral, finalmente sería libre de aquel matrimonio contractual. Habían pasado tres años y por fin, podría marcharme a Francia y comenzar una nueva vida lejos de Franco Grimaldi.

Ese era mi plan.

Pero había algo que podía cambiarlo todo.

Llevé una mano hasta mi vientre y abrí mi cartera para sacar aquella hoja médica que había guardado cuidadosamente. La había leído tantas veces que ya conocía cada palabra de memoria, pero aun así mis ojos volvieron a recorrerla una vez más.

«EMBARAZO POSITIVO.

10 SEMANAS DE GESTACIÓN.

EMBARAZO MÚLTIPLE: MELLIZOS.»

Mis ojos se me llenaron de lágrimas.

Mellizos.

Todavía me costaba creerlo, había dos bebés creciendo dentro de mí.

Mis hijos.

Y Franco no tenía la menor idea.

Apreté la hoja entre mis dedos mientras una sensación de miedo y ternura se apoderaban de mí.

Después de todo, solo habíamos tenido relaciones sexuales una única noche. Una sola noche que había bastado para cambiar mi vida por completo.

Y ahora llevaba en mi vientre a los hijos del hombre del que estaba a punto de divorciarme.

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