Se connecterAl día siguiente, Victoria volvió a pedirle a la empleada que le preparara caldo de pollo a Noa.Noa no quería tomarlo.Victoria soltó una risa fría.—¿Ahora qué te pasa? ¿Otra vez vas a ponerte con tus caprichos de niña rica? Cuando Elisa vivía aquí, se pasaba el día preparando caldo para mí y atendiéndome. Yo hago que te sirvan de todo, no te dejo hacer absolutamente nada y aun así quieres llevarme la contraria.Noa llevaba un tiempo viviendo allí y cada vez le resultaba más difícil convivir con Victoria.Quería regresar a su propia casa, pero Victoria tenía miedo de que algo le pasara al bebé y no la dejaba irse.Había intentado de todo, pero nada funcionaba. Su suegra era mucho más difícil de manejar de lo que había imaginado.En ese momento, Nicolás salió del dormitorio con un aire renovado.Aunque había sufrido un pequeño revés con Elisa, su carrera estaba avanzando a pasos agigantados y, en general, seguía de buen humor.Al sentarse a la mesa, Nicolás ni siquiera se dio cuenta d
Elisa asintió.—Acaba de venir a buscarme.Le repitió a Marta toda la teoría que le había soltado Nicolás.Al escucharla, Marta casi explotó de la rabia.—¡Resulta que es todo un experto en tener varias mujeres a la vez! ¿De verdad cree que todas van a aceptar ser una más de su lista?Elisa se recostó en el sofá, abrazando un cojín, y frunció el ceño.—Desde que volvió, siento que ha cambiado mucho. Para él, el amor parece haberse convertido por completo en un negocio.Marta soltó una risa burlona.—Entonces que se busque a una mujer que esté dispuesta a vivir de su dinero. Seguro que no le faltarán candidatas dispuestas a estar con un hombre como él. El problema es que lo quiere todo. Quiere que lo quieran, pero él no está dispuesto a dar nada a cambio. No quiere comprometerse ni ser sincero. Para él, basta con sacar la billetera y arreglarlo todo. Qué conveniente, ¿no?Elisa soltó una risa amarga.—Ya ni siquiera sé qué hacer. Siento que él y Raquel tienen el mismo problema. Los dos
Nicolás suspiró, como si ya no supiera qué hacer con ella.—Elisa, ¿hasta cuándo vas a seguir con esto?Sacó una tarjeta de crédito y se la tendió.—Mandé a sacar una tarjeta adicional para ti. A partir de ahora, te depositaré quinientos mil dólares al mes. Si no te alcanza, puedo pedir que aumenten el límite, también ya hablé con el director del hospital donde trabaja tu tía, a partir de ahora tendrá más oportunidades de ascender. Incluso estoy pensando en comprarle una casa cerca del hospital y podemos inscribir a Rebeca en una escuela internacional, ¿qué te parece?Nicolás sentía que había demostrado de sobra sus buenas intenciones.No solo estaba dispuesto a darle una buena vida a Elisa, sino que también quería ayudar a su familia a subir de nivel.¿Qué otro hombre estaría dispuesto a hacer tanto por una mujer?Elisa soltó una sonrisa sarcástica.—De verdad has cambiado mucho, antes, al menos, sabías pensar en los demás. Ahora parece que solo te importa el dinero, ¿de verdad crees
Elisa perdió el equilibrio y cayó al suelo. Un dolor intenso le atravesó la rodilla.Sin darle demasiadas vueltas, se levantó como pudo y siguió caminando.Apenas llegó a casa en un auto que había pedido por aplicación, Alicia le mandó un mensaje:"Elisa, hoy Nicolás me llamó. Dijo que después del trabajo iba a pasar por ti para que fueras a cenar con nosotros. No le dije nada y colgué. No sé si después irá a buscarte. Ten cuidado."Elisa respondió:"Está bien, ya lo sé."La herida de la rodilla le dolía mucho y necesitaba regresar cuanto antes para curársela.Entró al ascensor cojeando y, después de marcar el piso, empezó a recordar todo lo que había vivido con Nicolás. De pronto, todo le pareció ridículo.Ella ya había dejado todo aquello atrás.El que seguía creyendo que su relación todavía podía arreglarse era él.Nicolás era demasiado arrogante.Cuando llegó frente a su departamento y estaba a punto de introducir la clave, escuchó la voz de Nicolás detrás de ella.—Elisa.La mano
Elisa llegó a la empresa y se encontró con Bruno frente a los ascensores.Al recordar lo ocurrido la noche anterior, no supo cómo enfrentarse a él. Bajó la mirada y fingió no haberlo visto.En ese momento, las puertas del ascensor se abrieron.Las personas que estaban junto a Elisa entraron.Cuando vio que Bruno también entraba, ella prefirió quedarse a un lado y no subir.Justo cuando las puertas estaban a punto de cerrarse, Clara se acercó rápidamente por detrás.—Espera.Las puertas volvieron a abrirse y Clara entró enseguida. Al darse cuenta de que Elisa se había quedado afuera, la tomó del brazo.—Elisa, entra rápido. A esta hora todo el mundo está llegando al trabajo y los ascensores están llenísimos.Elisa ni siquiera alcanzó a reaccionar. Clara la jaló hacia dentro y, por pura casualidad, terminó justo frente a Bruno.Al darse cuenta de que Bruno seguramente ya se había fijado en ella, Elisa bajó la cabeza, incómoda.Clara también vio a Bruno y lo saludó con una sonrisa:—Bueno
Al ver el ceño fruncido de Bruno, como si no estuviera durmiendo tranquilo, Elisa dudó unos segundos. Al final, se sentó a su lado y decidió no irse todavía.Verlo así la hacía dudar.Pero cada vez que recordaba a Raquel fuera de control, no podía evitar sentir cierto temor.Raquel era como una bomba de tiempo. En cualquier momento podía hacerle daño a ella o a su familia.Elisa no estaba dispuesta a correr ese riesgo.Al pensar en ello, recuperó la compostura y soltó la mano de Bruno.Se levantó y salió de la habitación.Milo estaba jugando con un peluche en la sala. Al verla a punto de irse, la miró con ojos suplicantes.Elisa se acercó, se agachó y le acarició la cabeza.—Me voy. Si tengo oportunidad, volveré a visitarte.Después de decirlo, miró una última vez hacia la habitación y se levantó para marcharse.***A la mañana siguiente, Bruno despertó y poco a poco empezó a recordar lo ocurrido la noche anterior.Elisa lo había llevado a casa y hasta le había preparado algo para que







