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¿Estéril? Tuve hijos con el magnate
¿Estéril? Tuve hijos con el magnate
Author: Limon

Capítulo 1

Author: Limon
—Lo siento, señora, no podemos abrirle un expediente con los documentos prenatales que presentó.

—¿Por qué?

—Porque su esposo ya abrió un expediente en nuestro hospital con otra mujer. ¿Desea verificar si hay algún error en el acta de matrimonio o en la identificación de su esposo que nos proporcionó?

Elisa Montiel había ido al hospital llena de ilusión para su control prenatal, pero al intentar abrir su expediente, sintió como si le arrojaran un balde de agua helada.

—¿Cómo es posible? Llevamos cinco años casados y nuestra relación siempre ha sido maravillosa. ¿No se habrán equivocado?

La enfermera la miró con una expresión extraña, como si quisiera decir algo pero no se atreviera.

—No hay ningún error. La información de la identificación y el acta de matrimonio de ese señor están en nuestro sistema. Hace quince días, él y la esposa que figura en su acta vinieron a nuestro hospital para abrir un expediente y hacerse un control prenatal.

Un mal presentimiento se apoderó de ella y, de pronto, Elisa sintió que el mundo le daba vueltas.

Intentó mantener la calma, aferrándose a la idea de que el hospital había cometido un error. Nicolás Rojas la amaba con demasiada convicción, se negaba a creer que la hubiera traicionado.

Después de tres años intentando concebir, soportando dolores y recibiendo innumerables inyecciones, por fin había logrado quedar embarazada.

Como Nicolás llevaba quince días en un viaje de negocios y aún no regresaba, ella había decidido guardar el secreto para darle una sorpresa.

Jamás imaginó que, al venir a su control, se encontraría con semejante malentendido.

Sí, tenía que ser un malentendido.

Se consoló a sí misma una vez más.

Salió del ascensor aturdida, dispuesta a ir al registro civil para comprobar si había algún problema con su acta de matrimonio. De repente, vio acercarse dos figuras familiares. Por puro instinto, se escondió detrás de una columna y observó impotente cómo su esposo, Nicolás, abrazaba con ternura por la cintura a una mujer joven, mientras acariciaba suavemente el vientre de ella.

Al reconocer el rostro de la mujer, sus ojos se enrojecieron al instante.

Era Noa Navarro, la hija de un socio de negocios de Nicolás. Tenía veinte años, diez años menos que él.

La joven rodeaba el cuello del hombre con sus brazos, coqueteando sin importarle que estuvieran en público.

—Amor, ¿crees que nuestro bebé se parecerá a ti o a mí?

La voz de Nicolás sonó llena de adoración al responder:

—Por supuesto que es mejor que se parezca a ti, así será encantador.

Ambos pasaron muy cerca de Elisa sin notar su presencia.

Elisa apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en sus palmas, pero no sintió el menor dolor.

Nunca se le cruzó por la mente que Nicolás pudiera engañarla.

El hombre que durante las últimas dos semanas la llamaba por videollamada todas las noches para decirle cuánto la extrañaba, en realidad había estado acompañando a otra mujer.

Y ella, como una tonta, le había creído. Había soportado tantos pinchazos solo para poder darle un hijo.

Era tan absurdo, tan ridículo.

Los siguió y vio cómo su esposo y su amante terminaban el control prenatal, salían del hospital y subían al auto.

Elisa quería saber a dónde iban él y Noa, quería descubrir si a sus espaldas ellos tenían otro hogar.

Así que tomó un taxi y los siguió.

Nicolás y Noa entraron a una sala privada en un club exclusivo.

Elisa se quedó de pie afuera de la puerta y escuchó las risas provenientes del interior.

El que hablaba era uno de los mejores amigos de Nicolás.

—¡Nicolás, hacen muy buena pareja! Van juntos a todas partes, ¡nos dan envidia!

—Sí, la verdad es que tienes mucha suerte. Tienes a la dedicada Elisa en casa y afuera tienes a Noa, que es tan romántica y apasionada. ¡Nos morimos de envidia de que tengas lo mejor de ambos mundos!

Noa, avergonzada por las bromas, se sonrojó y escondió el rostro en el pecho de Nicolás.

Él la abrazó, levantó la mirada hacia sus dos amigos y dijo con tono perezoso:

—Ya basta, dejen de molestar. Noa es muy tímida y no aguanta sus bromas.

Hacía un año, él se había emborrachado en una fiesta y se había acostado con Noa. Ella llevaba tres años enamorada de él en secreto y se empeñó en estar a su lado. Así mantuvieron una relación a escondidas hasta que, hace quince días, Noa quedó embarazada. Para evitar que el bebé fuera un hijo ilegítimo, él se casó con ella por lo civil.

En cuanto a Elisa, el acta de matrimonio de ellos siempre había sido falsa.

El cuerpo de Elisa no le permitía concebir, así que ni la madre de él ni la junta directiva la habrían aceptado nunca como la legítima Señora Rojas.

Un hombre de su nivel no podía darse el lujo de no tener un heredero para el negocio familiar.

Y como Elisa era tan terca, si no hubiera usado la farsa del matrimonio falso, jamás habría podido retenerla a su lado.

Por suerte, en esos cinco años, Elisa nunca había sospechado nada.

Parada frente a la puerta, Elisa sintió que le aplastaban el corazón, el dolor era insoportable y le desgarraba el alma.

Resultaba que todos los amigos de Nicolás conocían su relación con Noa.

Era evidente que él solía llevarla a sus reuniones sociales con bastante frecuencia.

¡Y a ella la habían mantenido engañada todo este tiempo!

Dentro de la sala, comenzaron a jugar.

Noa perdió.

Uno de los amigos de Nicolás empezó a animar el ambiente:

—Como perdiste, tienes que cumplir un castigo. ¡Tu castigo es darle un beso francés a uno de los hombres presentes!

A través de la rendija de la puerta, Elisa vio cómo Noa miraba a Nicolás con timidez.

Luego, Nicolás la tomó en sus brazos y la besó en los labios.

Se besaron con pasión, como si no pudieran separarse el uno del otro.

Elisa sintió que el pecho se le partía en dos. Se quedó ahí, mirándolos, clavada en el sitio, sin saber qué hacer.

Nicolás le había dicho infinidad de veces que solo la amaría a ella en esta vida y que jamás tocaría a otra mujer.

Nunca imaginó que sus promesas fueran tan frágiles.

Salió del club con el alma destrozada y tomó un taxi hacia el registro civil.

Tras verificar con el personal, por fin confirmó que ella y Nicolás no tenían ninguna relación legal.

Antes de casarse, Nicolás le había dicho que estaba muy ocupado y que no tenía tiempo para ir en persona, así que enviaría a alguien para tramitar el acta por ellos.

Ella no desconfió y le creyó.

Jamás se le ocurrió que los documentos que él consiguió eran falsos.

Sus cinco años de matrimonio eran una mentira.

Sus promesas y su amor también eran falsos.

Después de graduarse de la universidad, Elisa había solicitado un puesto en el departamento de investigación farmacéutica del Grupo Rojas.

Nicolás se enamoró de ella a primera vista y comenzó a cortejarla.

Ella no creía en el amor, así que lo rechazó con buenas maneras.

Pero Nicolás no se rindió y continuó insistiéndole.

En cada fecha importante, le regalaba un collar diseñado por él mismo.

Cuando a ella le bajaba y le dolía, él siempre iba a comprarle analgésicos.

Y en sus redes sociales, las iniciales de Elisa estaban por todas partes.

Su carácter dominante pero tierno hizo que ella fuera cediendo poco a poco, aunque seguía sin querer admitir sus verdaderos sentimientos.

Más tarde, ambos viajaron a Zenev a esquiar y los sorprendió una avalancha. Él arriesgó su vida para protegerla, ella salió ilesa, pero él terminó en terapia intensiva y estuvo en coma durante un mes.

Desde ese momento, ella lo eligió para siempre y aprendió a amarlo con la misma intensidad con la que él la amaba.

Como no lograba quedar embarazada, su suegra la detestaba.

Para evitar que él estuviera en medio de ese conflicto, ella renunció a su trabajo y se dedicó por completo a intentar concebir. Tomaba medicamentos e inyecciones a diario, incluso cuando las zonas donde se inyectaba se inflamaban y se le formaban dolorosos nódulos, o cuando los tratamientos alteraban su sistema hormonal haciéndola sufrir un infierno, jamás se rindió.

Y justo cuando por fin había cumplido su mayor deseo de quedar embarazada y quería compartir la buena noticia con él, él le daba esta gran sorpresa.

Regresó al hospital y sacó una nueva cita.

El médico le preguntó:

—Señora, ¿está completamente segura de que no desea continuar con el embarazo?

Elisa se tocó el vientre y asintió con la mirada vacía.

Ya que Nicolás la había engañado, no volvería con él, y mucho menos tendría a ese bebé.

El médico asintió y dijo:

—De acuerdo. Entonces primero debe hacerse unos estudios. Cuando tengamos los resultados, planificaremos la cirugía.

Elisa tomó la orden médica, pagó y se hizo los estudios.

Mientras esperaba los resultados, Nicolás le hizo una videollamada.

Ella no quería contestar, pero su dedo resbaló y presionó el botón de aceptar por accidente.

El apuesto rostro de Nicolás apareció en la pantalla, su mirada seguía tan llena de amor como siempre.

—Elisa, ¿estás en el hospital? ¿Te sientes mal?

Al ver que el fondo era un hospital, el tono de Nicolás se llenó de preocupación.

Elisa, al notar su aparente angustia, se sintió aturdida por un instante.

Ya no sabía si él era sincero o si simplemente era un excelente actor.

Al ver que no respondía, pensó que se sentía tan mal que no podía hablar, se alarmó aún más y dijo:

—Elisa, regreso de inmediato, espérame.

Al recordar lo que había escuchado en la sala privada, Elisa sintió unas ganas inmensas de meter la mano por la pantalla para abofetearlo.

Sin embargo, temía que si él venía y se enteraba de su embarazo, le impidiera abortar, así que se vio obligada a fingir que todo estaba bien:

—No es necesario que vengas, estoy bien de salud. Solo vine a acompañar a Marta porque tiene dolores de estómago. Concéntrate en tu trabajo y no te preocupes por mí.

Marta Rosales era la mejor amiga de Elisa, a menudo salían a comer y platicar juntas, y Nicolás también la conocía.

Al escuchar que la enferma era Marta, Nicolás soltó un suspiro de alivio.

Le respondió con voz suave:

—Entiendo. Pero no te agotes demasiado, me duele verte cansada. Mira, terminaré mi trabajo antes y regresaré el fin de semana. Espérame.

Elisa soltó una risa fría en su interior, sin creer ni una sola de sus mentiras, pero mantuvo la misma expresión de siempre y le respondió:

—Está bien, te esperaré.

—Te quiero, Elisa.

Después de colgar, Elisa fue a recoger los resultados de sus análisis y entró al consultorio.

El médico revisó los estudios, frunció el ceño y dijo:

—Su endometrio es muy delgado, por lo que de por sí le resulta difícil concebir. Si se somete a esta cirugía, podría causarle un daño permanente al tejido y es probable que jamás vuelva a tener hijos. ¿Aún así está decidida a seguir adelante con la intervención?

A Elisa se le encogió el corazón de golpe y se llevó la mano al vientre.

Si no tenía a este bebé, ¿jamás podría ser madre en el futuro?

El médico la miró y sugirió:

—¿Por qué no lo piensa mejor? Después de todo, es una decisión muy importante. Podría hablarlo con su familia.

Elisa no sabía si en el futuro se arrepentiría.

Estaba dispuesta a renunciar a Nicolás, pero no quería perder la única oportunidad que tenía para ser madre.

Al salir del hospital, miró el cielo nublado y no pudo evitar esbozar una sonrisa amarga.

En ese instante, un auto pasó rozándola y estuvo a punto de caer al suelo, pero de pronto, una mano grande se extendió y la sostuvo firmemente por la cintura.

Ella levantó la mirada y se encontró con unos profundos ojos.

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