แชร์

Capítulo 3

ผู้เขียน: Limon
Sin embargo, pronto descartó esa sospecha.

Antes de casarse, ambos se habían hecho exámenes médicos prenupciales y la probabilidad de que Elisa quedara embarazada era de menos del uno por ciento.

Por esa razón él había decidido falsificar el acta de matrimonio. Pero al pensar que ella había ido sola al hospital a hacerse estudios y se lo había ocultado seguramente para no preocuparlo, mientras él estaba ahí acompañando a Noa, Nicolás sintió de pronto una ola de lástima y ternura por Elisa. Miró a Noa y le dijo:

—El sábado regresaré a casa para acompañar a Elisa. Si no te acostumbras a vivir sola, vuelve a la casa de mis padres, a mi madre le encantará cuidarte.

Desde que se enteró de que Noa estaba embarazada, su madre, Victoria Salinas, estaba encantada. Antes siempre le insistía en que buscara a una mujer para tener hijos, pero ahora por fin lo había dejado en paz. A Noa no le hizo gracia la idea, pero sabía que, aunque Nicolás la consentía, en el fondo seguía sintiendo algo por Elisa. No podía mostrar demasiada hostilidad hacia ella, de lo contrario, solo provocaría el rechazo de Nicolás. Adoptando un tono mimado, respondió:

—Haré lo que me pidas, pero la verdad es que me duele mucho separarme de ti. ¿No puedo ir contigo a vivir a tu casa?

Nicolás frunció el ceño. Antes, su relación con Noa era solo un pasatiempo y no había problema en llevarla a casa de vez en cuando, ya que estaba seguro de que ella no se atrevería a abrir la boca. Pero ahora la situación era diferente. Desde que se casaron por el civil, Noa se había vuelto más atrevida y posesiva, y él temía que su comportamiento despertara las sospechas de Elisa.

Noa adivinó sus preocupaciones y se apresuró a prometerle:

—Te juro que no dejaré que Elisa se entere de lo nuestro. Las veces anteriores que fui contigo, ella nunca sospechó nada, ¿verdad?

Incapaz de resistirse a sus súplicas, Nicolás terminó accediendo.

***

El sábado por la tarde, justo después de que Elisa enviara por correo dos bolsos de diseñador que había vendido, vio entrar a Nicolás y a Noa, ambos arrastrando maletas.

Al ver a Elisa, Noa habló con un tono inocente y dulce:

—Elisa, lamento venir a molestarte otra vez. Mis padres salieron de viaje de negocios y no quiero quedarme sola en casa. ¿Podría quedarme aquí un tiempo?

Noa había usado esa misma excusa infinidad de veces. En el pasado, Elisa jamás había dudado de su relación con Nicolás y siempre la había tratado con mucho cariño. Sin embargo, esta vez, Elisa se limitó a mirarla con frialdad sin darle ninguna respuesta. Desconcertada por su actitud, Noa tiró disimuladamente de la manga de Nicolás para que intercediera por ella. Temiendo que Elisa descubriera la verdad, Nicolás apartó la mano de la joven, se acercó a su esposa y le preguntó con fingida preocupación:

—Amor, ya estoy en casa. ¿De verdad no te sientes mal? Mi asistente me contó que no fuiste a acompañar a Marta a sus estudios, sino que fuiste a revisarte tú misma. Además, en estos días no saliste de viaje, te quedaste aquí. Si te pasa algo, no me lo ocultes, lo enfrentaremos juntos.

Elisa no esperaba que, incluso en ausencia de Doña Teresa, Nicolás enviara a su asistente a investigarla a escondidas. Afortunadamente, ella se había adelantado y había borrado su historial de estudios prenatales, por lo que era imposible que él descubriera la verdad. Se clavó las uñas en las palmas y respondió con expresión serena:

—No tengo nada grave, solo un resfriado leve. Fui al hospital por unos medicamentos y regresé. No te lo dije para que no te preocuparas.

Nicolás intentó seguir interrogándola, pero Elisa desvió el tema rápidamente:

—Ya basta, deja de regañarme. Pásame tu abrigo, yo te lo cuelgo.

Nicolás se quitó el abrigo y se lo entregó. Elisa lo tomó y se acercó a colgarlo.

De repente, percibió en la tela el inconfundible aroma del perfume de Noa.

A pesar de todo, no pudo evitar sentir una punzada en el corazón y un dolor agudo y constante la invadió.

Al verla actuar como la esposa perfecta colgando el abrigo de Nicolás, Noa sintió una gran incomodidad. Incapaz de contenerse, preguntó:

—¿Por qué no está Doña Teresa? ¿Le diste el día libre? ¿Y qué vamos a cenar entonces?

Nicolás también se dirigió a Elisa:

—Como has estado en casa estos días y no había nadie para cocinar, seguro que no has comido bien, ¿verdad?

Elisa respondió con frialdad:

—No soy tan delicada, sé prepararme algo sencillo.

Noa fingió sorpresa y curiosidad:

—Vaya, no sabía que fueras tan talentosa en la cocina. Me pregunto si tendré la suerte de probar tus platillos estos días que me quede aquí.

La balanza en el corazón de Nicolás se inclinaba cada vez más hacia el bebé que crecía en el vientre de Noa, así que asintió y la secundó:

—Es cierto, Elisa. Noa jamás ha cocinado en su vida. Si tienes tiempo, prepárale la comida a ella también.

La expresión de Elisa se volvió gélida. Ese era el hombre al que había amado durante cinco largos años. Le había dado un matrimonio envuelto en mentiras. Y ahora, tenía el descaro de llevar a su amante embarazada a la casa y exigirle que cocinara para servirla.

¿Qué se creía que era ella? Si al principio sentía ciertas dudas sobre reclamar la mitad de los bienes, ahora estaba totalmente decidida. Se llevaría la mitad de la fortuna que le correspondía por derecho.

—Por supuesto, esperen un momento, enseguida preparo algo.

Mientras Elisa cocinaba, Nicolás y Noa se sentaron en la sala a ver televisión. Al ver a Elisa ocupada, Nicolás ni siquiera hizo el amago de ayudarla.

Para él, cocinar no era una tarea difícil, ganar dinero era muchísimo más agotador.

Elisa vivía una vida de comodidades en casa, sin mayores responsabilidades, así que no le haría daño cocinar de vez en cuando.

Cuando Elisa salió de la cocina con la comida lista, vio que Noa había convertido la mesa de centro en un desastre, esparciendo papas fritas y galletas por todas partes, y ninguno de los dos había limpiado. El mantel beige que había elegido con tanto esmero estaba lleno de manchas de bebida. Noa dejó las golosinas a un lado, le sonrió a Elisa y dijo:

—Veo que ya terminaste, iré a ayudarte con los cubiertos.

Se puso de pie, pero tropezó y estuvo a punto de caer. Nicolás se apresuró a sostenerla y, con la mirada fija en el vientre de la joven, le reclamó con tono severo:

—No estorbes. Siéntate y espera a que sirvan la comida, ¿acaso necesitamos que trabajes en esta casa?

Noa le sacó la lengua de forma juguetona y respondió:

—Ya lo sé.

Al ver la escena, a Elisa se le revolvió el estómago por el asco. Durante la cena, Noa probó las costillas y el pescado, y notó que ambos estaban extremadamente salados.

Incapaz de tragar, no pudo evitar preguntarle a Elisa:

—¿Por qué te quedó tan salada la comida?

Elisa, comiendo su porción del único plato de verduras que no estaba salado, respondió con indiferencia:

—¿De verdad? Supongo que se me pasó la mano con la sal.

Nicolás, en cambio, comentó:

—A mí me parece que cocinas bastante bien, Elisa. Tómate tu tiempo, estoy seguro de que irás mejorando.

Creía que si la animaba, sus habilidades culinarias progresarían con el tiempo.

Prefería mil veces que ella centrara su atención en el hogar y no en su carrera profesional. Además, Noa era caprichosa y no había garantía de que pudiera educar bien al niño cuando naciera.

Elisa, por el contrario, era madura y responsable. Dejarle el cuidado y la educación del bebé sería lo mejor para el niño. De todos modos, ella no podía tener hijos propios y seguramente anhelaría la compañía de uno.

Cuando llegara el momento, haría que el hijo de Noa la reconociera como su madrina y dejaría que el niño viviera con ellos en casa con total naturalidad.

Elisa no pudo soportar un bocado más. Anunció que estaba llena y se fue a su habitación.

Al verla irse, Noa se quejó con Nicolás:

—Nicolás, de verdad no puedo comer esto.

Nicolás dejó los cubiertos y la consoló:

—Le pediré a mi asistente que traiga comida. Espérame aquí un momento, iré a hablar de un asunto importante con Elisa.

Aunque Noa sintió molestia, tuvo el buen juicio de no armar un escándalo. Sabía que si se excedía, Nicolás podría enojarse, así que asintió obediente y no insistió más. Nicolás entró a la habitación principal. Al ver que la puerta del baño estaba cerrada, se dirigió al vestidor para cambiarse de ropa.

Al notar que faltaban muchas de las prendas y bolsos de Elisa en el armario, sintió una repentina e inexplicable inquietud. En cuanto Elisa salió del baño, le preguntó de inmediato:

—Elisa, ¿dónde están tu ropa y tus bolsos?

อ่านหนังสือเล่มนี้ต่อได้ฟรี
สแกนรหัสเพื่อดาวน์โหลดแอป

บทล่าสุด

  • ¿Estéril? Tuve hijos con el magnate   Capítulo 400

    A Bruno le encantaba besarla en el labio superior, recorrerlo con ternura y deleitarse en él una y otra vez, como si saboreara un manjar.Elisa empezó a dejarse llevar por el deseo y se pegó aún más a él.Cuando se separaron, ambos tenían la ropa algo desarreglada.Bruno respiró hondo y se levantó para ir al baño a arreglarse. Sentía el cuerpo ardiendo.Elisa lo tomó de la mano. Sus ojos claros estaban velados por una bruma húmeda, y lo miraba fijamente.Bruno no pudo resistirse a aquella tentación. Se inclinó y volvió a besarla.Esta vez, ella no se apartó y dejó que la llevara en brazos hasta la habitación principal.Lo que siguió pareció ocurrir de manera natural.El camisón de Elisa terminó en el suelo. Ella se sentía como un pez fuera del agua, y de sus labios salían sonidos entrecortados.Bruno no llegó hasta el final porque, cuando habían ido al supermercado, no habían comprado preservativos.Elisa le besó los labios y, con la voz ronca, le susurró:—Puedo ayudarte.Él volvió a

  • ¿Estéril? Tuve hijos con el magnate   Capítulo 399

    Yolanda parecía haber previsto esa situación y respondió entre risas:—No te preocupes, te voy a reservar una mesa aparte. A mí también me desespera el carácter de mi hermana. Tú ven a disfrutar de la comida y a pasarla bien, sin preocuparte por nada.—Está bien. Te prometo que llegaré a tiempo.Al saber que Elisa asistiría, Yolanda se puso muy contenta.—¡Perfecto! Te voy a reservar un lugar rodeada de puros galanes para que Nicolás se ponga celoso y deje de estar peleado contigo.Elisa supuso que Yolanda todavía no sabía que Nicolás la había engañado, así que no dijo nada al respecto. Conversó un rato más con ella y luego colgó.En ese momento, Yolanda y Victoria estaban haciéndose la manicura.Al enterarse de que su hermana todavía pensaba invitar a Elisa a la boda, Victoria se molestó.—¿Por qué tienes que invitar a Elisa?—¿Y por qué no iba a invitarla? A ti no te cae bien, pero a mí sí. Yo decido a quién invito a mi boda. Me importa un comino lo que opines.Victoria llevaba tiemp

  • ¿Estéril? Tuve hijos con el magnate   Capítulo 398

    Al ver que Santiago también lo decía, Nicolás no tuvo más remedio que apretar los dientes y aceptar.—Me tomaré tres copas como castigo.Bruno le lanzó una mirada al Señor Juan.El Señor Juan entendió la señal, tomó una botella de licor de la mesa y sonrió.—Yo empecé trabajando en ventas. Cuando ofendía a un cliente por accidente, solía disculparme tomándome tres botellas de licor con él. El Señor Nicolás no está acostumbrado a beber tanto como nosotros, así que supongo que con una botella bastará, ¿no?Nicolás sintió que aquello era llevar las cosas demasiado lejos. Miró a Bruno con rabia, con unas ganas tremendas de tirar la copa y marcharse.Santiago lo sujetó para detenerlo y suspiró para sus adentros.Nicolás de verdad tenía muy poco aguante.El Grupo Rojas tenía bastante peso en Villa del Río, pero a escala nacional no era gran cosa.Santiago sonrió y trató de negociar con Bruno.—Señor Bruno, ¿qué le parece si me tomo yo media botella en su lugar?Bruno arqueó una ceja.—¿Quién

  • ¿Estéril? Tuve hijos con el magnate   Capítulo 397

    Nicolás y Elisa se sorprendieron al verse.Sin embargo, Elisa no tardó en recuperar la compostura y siguió bebiendo su jugo con toda tranquilidad.Fuera cual fuera el motivo por el que Nicolás había ido allí, no tenía nada que ver con ella.Nicolás, en cambio, apretó los dientes. Había ido precisamente para disculparse con Bruno.Si Elisa llegaba a verlo en una posición inferior a la de Bruno, habría preferido desaparecer en ese mismo instante.Al notar que Nicolás parecía querer marcharse, Santiago se acercó a él y le recordó en voz baja:—Bruno regresará a la sede central de Ciudad Norte dentro de un par de días. No podemos seguir aplazando la disculpa, además, esta vez el Grupo Rojas fue el que se equivocó. ¿De verdad vas a echarte atrás ahora? Solo tienes que brindar con él y disculparte. No es nada del otro mundo. Por el bien de la empresa, tendrás que tragarte el orgullo esta vez.Tragarse el orgullo.Aquellas palabras le resultaban extrañas.Nicolás nunca había imaginado que, de

  • ¿Estéril? Tuve hijos con el magnate   Capítulo 396

    Nicolás también sabía que había tomado una decisión demasiado precipitada, pero al ver cómo lo trataba Sonia, no pudo evitar molestarse.—Sonia, lo hice por el bien de la empresa, además, ¿cómo iba a saber que el Grupo Salazar recurriría a esas tácticas?Sonia soltó una risa fría.—La brillante idea fue de Noa, ¿verdad? Nicolás, de verdad que te dejas convencer con demasiada facilidad. ¿Cuántas veces te he dicho que no dejes que esa mujer se meta en los asuntos de la empresa? ¡No es más que una inútil!Últimamente, Noa había sido muy cariñosa y atenta con él, además, había contribuido mucho al desarrollo de los medicamentos de la empresa, así que Nicolás no pudo evitar salir en su defensa.—Sonia, no hables así de Noa. Ella solo quiere lo mejor para la empresa, ¿qué tiene eso de malo?Sonia estaba tan furiosa que no encontraba palabras para responder. Se sentó en el sofá, respirando con dificultad.—Ve a hablar con Bruno y pídele que nos dé una oportunidad. El margen de ganancia de ese

  • ¿Estéril? Tuve hijos con el magnate   Capítulo 395

    Aunque Noa tenía ya una barriga bastante grande, seguía vistiendo a la moda y con un estilo juvenil. Sin embargo, al ver que Elisa había salido sin maquillaje y aun así lucía hermosa, su autoestima recibió un duro golpe.Noa alzó las cejas y sonrió con aire triunfal.—No te lo esperabas, ¿verdad? Nicolás sigue preocupándose mucho por mí. Cuando regresé de ciudad Mar esta vez, incluso fue a recogerme personalmente.Elisa pensó que Noa parecía una de esas concubinas de la antigua corte imperial que competían por los favores del emperador.No entendía cómo podía aceptar que Nicolás no le fuera fiel.Elisa torció los labios con desdén.—No me interesa meterme en los asuntos de tu familia. Pero hay algo que quiero recordarte. Cuando nazca tu bebé, no olvides disculparte públicamente en una transmisión en vivo. Tanto el Grupo Salazar como yo seguimos teniendo presente esa deuda.Al recordar que tendría que disculparse en una transmisión en vivo, Noa se puso furiosa.Elisa no quería que Rebec

บทอื่นๆ
สำรวจและอ่านนวนิยายดีๆ ได้ฟรี
เข้าถึงนวนิยายดีๆ จำนวนมากได้ฟรีบนแอป GoodNovel ดาวน์โหลดหนังสือที่คุณชอบและอ่านได้ทุกที่ทุกเวลา
อ่านหนังสือฟรีบนแอป
สแกนรหัสเพื่ออ่านบนแอป
DMCA.com Protection Status