แชร์

¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.
¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.
ผู้แต่ง: Mora

Capítulo 1

ผู้เขียน: Mora
Justo cuando me disponía a subir al auto con la maleta en mano, Harrison Tucker me bloqueó el paso con una familiaridad irritante, como si el tiempo y las obligaciones del mundo giraran exclusivamente en torno a sus caprichos.

—Lola, toma un taxi. Necesito llevar a Mandy a recoger a sus padres —me soltó con total naturalidad, ladeando la cabeza hacia el vehículo—. Mandy jamás ha salido del país y es la primera vez que los suyos viajan a Meridianna. No podemos abandonarlos para que resuelvan esto solos.

Su tono era de lo más liviano, como si me estuviera anunciando cualquier nimiedad de oficina. Sin embargo, a mí aquello me pareció un insulto directo a la inteligencia, que ponía en evidencia el grado monumental de su desfachatez.

Mandy Shaw era una empleada de aduanas de nivel medio que compartía oficina con él, una de tantas subalternas a las que la dirección del puerto trataba con condescendencia. Durante las últimas semanas, su nombre se había vuelto una constante en sus labios: que si Mandy necesitaba ayuda con un trámite, que si Mandy se había quedado hasta tarde archivando manifiestos, que si Mandy tenía dudas sobre la normativa fiscal. Pero yo, abrumada por los preparativos titánicos de la boda y lidiando en paralelo con las operaciones logísticas del muelle, no le había prestado la más mínima atención a la cercanía enfermiza que existía entre ellos, confiando ciegamente en los cinco años de historia que supuestamente compartíamos.

Apretando los dientes, me contuve para conservar la compostura y le solté, señalando el reloj de mi muñeca:

—Nuestro vuelo sale casi de inmediato. Tenemos los minutos contados, Harrison. No hay tiempo para desvíos ni para caprichos ajenos...

Harrison parpadeó, completamente indiferente a mi advertencia, y me soltó el golpe definitivo sin inmutarse:

—Ah, se me olvidaba. Ya cancelé los boletos de primera clase tuyos y de tus padres para dárselos a la familia de Mandy.

—¿Qué dijiste?

Creí que los oídos me fallaban.

—Solo quedaban tres asientos en primera clase —se justificó con una paciencia exasperante, cruzándose de brazos—. Los papás de Mandy ya están mayores y es su primer vuelo internacional, así que quería que viajaran cómodos. En cuanto a ustedes...

Metió la mano en el bolsillo de su saco, sacó tres papeles arrugados y me los tendió como si me estuviera haciendo un favor divino:

—Les compré boletos de barco. Es un poco más lento, sí, pero podrán disfrutar del paisaje marino todo el camino. ¿No decías siempre que lo más hermoso de Meridianna es el mar? Así podrán vivirlo de cerca, sin prisas.

Bajé la vista lentamente hacia esos trozos de papel impreso. Sentí que el estómago se me caía a los pies, reemplazado por un vacío gélido y denso.

Viajar por mar desde la costa nacional hasta la isla de Meridianna tomaba varios días de escalas interminables, mareos y maletas a cuestas en una ruta comercial obsoleta. Y la boda era pasado mañana.

Alcé la vista, fulminándolo con unos ojos que debían echar chispas.

—Harrison, mis padres también son personas mayores. ¿Tienes el descaro de someterlos a un viaje de esa categoría? Para colmo, los invitados de honor llegan mañana mismo al complejo. El hotel, el salón y el itinerario están cerrados y pagados. Si llegamos en barco en lugar de en avión, ¿qué diablos pasa con la boda? ¿Cómo piensas justificarlo?

La sonrisa pacífica y condescendiente de Harrison se desvaneció al instante, reemplazada por una mueca de fastidio e incomprensión.

—Lo que contraté es un crucero decente, no un bote pesquero. ¿Qué tan dramática te pones por una simple modificación? Solo será un poco más tarde, nada más. ¿Qué tiene de malo posponer la boda un par de días para acomodarnos? Además, la familia de Mandy rara vez sale de viaje y tienen una situación humilde. ¿No puedes tener un poco de empatía?

Antes de que pudiera replicar semejante burrada, Mandy intervino al instante, abriendo la puerta del copiloto con los ojos en lágrimas falsas y una timidez que daban ganas de golpearla con la misma maleta:

—Lola, de verdad lo siento tanto... El señor Tucker insistió una y otra vez en que nos merecemos este viaje, ya que nunca he salido al extranjero y necesito conocer el mundo, y mis papás se han devorado la vida trabajando sin descanso... Si por nuestra culpa se arruinan las cosas de la boda, de verdad prefiero no ir, no quiero ser una carga para nadie...

Harrison frunció el ceño de inmediato con aire protector y se interpuso para abrigarla a su espalda, como si yo fuera una arpía a punto de devorarla.

—Mandy, ¿por qué pides disculpas por decir la verdad? Aquí nadie ha arruinado nada. La decisión la tomé yo, y punto.

En ese preciso instante, mi mente se apagó por completo. El zumbido del motor del auto se volvió un eco lejano.

Fui yo quien investigó la isla durante meses, quien eligió y pagó el hotel de lujo, quien contrató al equipo internacional de fotografía y coordinó a los cientos de invitados. Incluso los yates privados, la seguridad privada y la agenda de ambas familias corrían única y exclusivamente por mi cuenta.

De principio a fin, durante los preparativos de los últimos seis meses, él solo se había dignado a pronunciar una sola frase cada vez que le consultaba un detalle:

«Haz lo que quieras, mi amor, por mí está bien».

Su miserable sueldo como empleado de aduanas apenas rozaba el salario común. Para cuidar su frágil ego de hombre acomplejado e inseguro, jamás le había restregado en la cara las distancias nos separaban en el banco ni las deudas que yo le venía cubriendo en secreto.

Mientras tanto, operaba en las sombras como la máxima dirigente y capo de la poderosa familia Olsen, controlaba un muelle estratégico del bajo mundo y el comercio internacional, y mis ingresos mensuales superaban holgadamente los cien mil dólares.

Incluso utilizaba mis contactos y el transporte marítimo global para abrirle puertas, recomendarlo y facilitarle los contratos jugosos que lo mantenían a flote en su oficina.

Con el paso de los años, el muy imbécil se había creído de verdad el cuento de que sus propios méritos y su brillante inteligencia lo habían llevado a la cima en su trabajo.

Y yo, le había mantenido la verdad oculta, creyendo que proteger su dignidad masculina mantendría a flote la relación.

Creí que darle un estatus holgado y facilitarle la vida mejoraría nuestra convivencia, pero lo único que conseguí fue inflar el ego desmedido de un parásito malagradecido que ahora me pisoteaba sin asomo de culpa.

En ese momento, Heidi, la madre de Harrison, se plantó frente a mí con los brazos en jarra y una mueca de absoluto desprecio plasmada en el rostro:

—Lola, ¿todo este escándalo monumental por unos cuantos asientos de avión? ¿No te da vergüenza ser tan tacaña, calculadora y egoísta? ¡Son solo unos lugares!

Su padre, Daniel, intervino con la misma prepotencia rancia que los caracterizaba a todos:

—Exactamente. La familia de Mandy no conoce nada del mundo y se merecen este pequeño gesto. ¿Qué de malo tiene que viajen en primera clase para variar? Además, a Harrison le va tan bien en el trabajo que su futuro en la aduana es completamente intocable. Como su prometida y futura esposa, en lugar de armar pataletas de niña malcriada, deberías aplaudir sus decisiones de hombre.

Un destello de soberbia ciega asomó en los ojos de Daniel. En su patética y mediocre burbuja mental, creían firmemente que el éxito laboral de su hijo era genuino, ignorando por completo que cada contrato que firmaba respiraba únicamente gracias a mi intervención directa.

Harrison consultó su reloj de pulsera y me cortó con un fastidio intolerable:

—Lola, los pasajes de barco ya están pagados y no pienso tirarlos a la basura por tus caprichos de última hora. Si de verdad te importa nuestra boda y nuestra relación, deja de hacer berrinches por tonterías materiales.

Sin añadir una sola palabra más, tomó la maleta de la intrusa y le abrió la puerta del sedán con una galantería barata. Su familia subió al coche en medio de risas cómplices, comentarios festivos y miradas de burla hacia mi persona.

Solo cuando el motor ya ronroneaba con fuerza en la gravilla, bajó un poco la ventanilla eléctrica para mirarme con una falsa y condescendiente compasión:

—Cariño, no te amargues la vida por anticipado. En cuanto atraquemos en el puerto de Meridianna, mandaré a gente de confianza para que los recojan en la terminal marítima. No pasa nada.

Tras esa última bofetada verbal, pisó el acelerador a fondo y el auto se esfumó en la carretera levantando una nube de polvo que me alcanzó el rostro.

El último vestigio de afecto, paciencia o esperanza albergado en el fondo de mi pecho se hizo cenizas de golpe.

Saqué el teléfono del bolsillo con absoluta calma, marqué el número directo de la principal organizadora de bodas de la costa.

—Cancela todo el evento —le ordené con voz firme, sin permitir réplicas—. La boda queda suspendida de manera definitiva. Que no quede una sola flor en pie.

อ่านหนังสือเล่มนี้ต่อได้ฟรี
สแกนรหัสเพื่อดาวน์โหลดแอป

บทล่าสุด

  • ¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.   Capítulo 9

    El comisario dio un paso al frente para recibirme de inmediato:—Bienvenida, señorita Olsen.Tras él, el director de la autoridad portuaria, los gerentes de las navieras principales y los supervisores del muelle hicieron una reverencia al unísono, y sus voces se fundieron en un saludo solemne que retumbó en todo el puerto:—JefaHarrison se quedó helado, con los ojos anegados de incredulidad.Me miraba fijamente, parpadeando una y otra vez, intentando convencerse de que se trataba de una cruel broma o de una equivocación. Sin embargo, aquel rostro era el mismo con el que había convivido bajo el mismo techo durante cinco largos años.Le dediqué una ligera inclinación de cabeza a los directivos y avancé hacia la sala de reuniones, flanqueada por mi padre. De principio a fin, ni siquiera crucé la mirada con él.Solo cuando mi figura desapareció por completo al doblar el pasillo, Harrison reaccionó. Dio un manotazo al aire y atrapó a un colega del brazo:—Ella... ¿Cómo es posible que esté

  • ¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.   Capítulo 8

    Harrison sacó el teléfono y marcó su número una y otra vez. Sin embargo, la única respuesta que obtenía era la locución fría y automatizada de la operadora:—El usuario al que llama se encuentra temporalmente no disponible.Acto seguido, abrió la aplicación de mensajería. Al pulsar enviar, una única marca de verificación gris apareció junto al texto: me había bloqueado.La mente de Harrison comenzó a desestabilizarse. Dio media vuelta, dispuesto a salir a buscarla por su cuenta, pero Heidi le cortó el paso de inmediato.—¿A dónde crees que vas a buscarla? ¿No ves que solo está haciendo un berrinche? Déjala en paz unos días y ya vendrá arrastrándose sola.Daniel la secundó al instante:—Exactamente, a este tipo de mujeres no se les puede consentir nada. Si se atreve a huir de casa antes de casarse, ¿qué nos esperaría después? A mi modo de ver, hasta nos hizo un favor yéndose. Cancela esa boda de una vez y cásate con Mandy, asunto arreglado.El rostro de Mandy se encendió de golpe. Bajó

  • ¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.   Capítulo 7

    La interminable ráfaga de llamadas arruinó por completo las vacaciones de Harrison. Sin margen para titubeos, canceló el viaje de golpe y obligó a toda la comitiva a regresar a Olsen antes del amanecer.Apenas cruzó la puerta de la oficina, el director Addams le estrelló un expediente sobre el escritorio con furia desatada.En las hojas figuraba una lista escalofriante: doce empresas asociadas de toda la vida acababan de presentar peticiones formales para rescindir sus contratos de aduana.—¡Lo que está pasando está hundiendo los números del departamento! ¡Ponte a pensar muy bien a qué intocable se te ocurrió ofender esta vez!—Te doy exactamente veinticuatro horas para limpiar este desastre. Si perdemos esas cuentas, olvídate de la gerencia... y de cualquier bonificación de fin de año.Al salir del despacho, la camisa de Harrison estaba empapada en sudor frío. Sacó el teléfono a toda prisa y marcó directo a la central de la primera compañía de la lista.—Señor Thomas, por favor... díg

  • ¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.   Capítulo 6

    Regresé a la mansión de Olsen.Las imponentes puertas de hierro negro se abrieron con lentitud mientras el auto avanzaba por la avenida bordeada de árboles hacia el interior de la propiedad.En el instante en que el vehículo se detuvo por completo, más de una decena de empleados formaron una línea impecable junto a la entrada principal.—Señorita, bienvenida a casa.Le entregué el abrigo a uno de ellos y crucé el umbral hacia el gran vestíbulo.La familiaridad de cada rincón permitió que mis nervios, tensos durante los últimos días, se relajaran por fin.Esta era la vida que me correspondía. Aquí no tenía que adaptarme a nadie, y mucho menos ocultar quién era solo para cuidar la frágil autoestima de un hombre mediocre.El mayordomo se adelantó con una reverencia respetuosa:—Señorita, varios de los gerentes ya la esperan en la sala de juntas.Asentí con la cabeza, caminé directamente hacia la cabecera de la mesa y hablé con un tono neutro:—Comencemos.Los informes comenzaron a acumula

  • ¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.   Capítulo 5

    Cuando la recepcionista le tendió el desglose de los cobros y le informó: «Señor Tucker, para reactivar la suite presidencial, el mayordomo privado, el yate, la cena exclusiva y la ceremonia frente al mar, deberá cubrir el monto total de las tarifas de nuevo», la sonrisa de Harrison se congeló por completo. Aquella suma astronómica superaba por mucho sus cálculos.Sin embargo, con los padres de Mandy y varios compañeros de oficina observándolo justo a su espalda, no podía dar marcha atrás.Todo el mundo sabía que aquel viaje a Meridianna había sido organizado por él. Si se echaba para atrás en ese momento, su reputación caería por el retrete.Apretando los dientes con furia contenida, Harrison extendió su tarjeta bancaria.La primera tarjeta arrojó fondos insuficientes y el pago con la segunda fue rechazado de inmediato.Tuvo que recurrir a una tercera tarjeta de crédito para que el sistema procesara finalmente el pago total.La interminable ráfaga de notificaciones de cobro en su telé

  • ¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.   Capítulo 4

    Me recosté contra los cojines del sofá; mi voz sonó perfectamente calmada, vacía de cualquier emoción.—Lo cancelé. Ya que cuidas tanto a Mandy, cásate con ella.Tras unos segundos de desconcierto, una suave risa burlona se deslizó por la línea.—Lola, creí que había ocurrido una gran catástrofe. Resulta que solo estás celosa.—¿No te lo expliqué ya? Mandy es solo una compañera de oficina. Es nueva en el área y hay muchas cosas que no entiende. ¿Qué tiene de malo que le eche una mano de vez en cuando? ¿Puedes dejar de inventar dramas?—Sé que fue pesado para ti y para mis suegros tener que viajar hoy en barco. Eso lo reconozco y fue mi error. En cuanto lleguen a Meridianna, te lo compensaré.Hablé con desdén:—Harrison, no hay nada que compensar. Lo nuestro se acabó.Harrison soltó una risita cargada de un soberbio desprecio:—Lola, no te pongas en plan dramático. Me amas demasiado como para dejarme tirado.—Además, estoy a nada de recibir un ascenso. La gerencia ya se reunió conmigo p

บทอื่นๆ
สำรวจและอ่านนวนิยายดีๆ ได้ฟรี
เข้าถึงนวนิยายดีๆ จำนวนมากได้ฟรีบนแอป GoodNovel ดาวน์โหลดหนังสือที่คุณชอบและอ่านได้ทุกที่ทุกเวลา
อ่านหนังสือฟรีบนแอป
สแกนรหัสเพื่ออ่านบนแอป
DMCA.com Protection Status