La oscuridad del monte bajo en la compañía Caacupé-mi no era una simple ausencia de luz; se sentía como una sustancia viva, espesa y pesada, que se adhería al rostro y ralentizaba los movimientos. A pocos metros de distancia, en el lecho seco de la cañada, el ejemplar joven de Ao Ao continuaba su labor frenética. Sus garras delanteras, largas y afiladas como cuchillas de acero, raspaban la roca arenisca con un sonido metálico y chirriante que perforaba los oídos. Las piedras saltaban despedidas hacia atrás, golpeando los matorrales con fuerza mientras la bestia dejaba escapar buidos roncos y desesperados.El comisario Nagel permanecía inmóvil, agazapado detrás de un tronco grueso de yvyrá pytã cuyas raíces superficiales servían de trinchera natural. Tenía el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante, manteniendo el equilibrio sobre sus botas, con la pistola firmemente sujeta entre ambas manos. Su respiración era un ejercicio de control absoluto: inhalaba despacio por la nariz, reten
Dernière mise à jour : 2026-09-12 Read More