El eco de los teléfonos apagados en la alfombra lejana dejó tras de sí un silencio denso, casi palpable, roto únicamente por el compás acelerado de nuestras respiraciones. La luz del sol que se colaba a raudales por los ventanales de la sala ya no era una pálida franja matutina; se había convertido en un haz dorado y brillante que iluminaba sin piedad el desorden de nuestras ropas, el sudor que cubría nuestra piel y la cruda realidad de lo que acabábamos de hacer.Eimi seguía debajo de mí, con las piernas aún levantadas en esa postura que la mantenía completamente vulnerable y expuesta a cada uno de mis movimientos. El vaivén furioso de segundos antes se había detenido, pero la fricción entre nuestros cuerpos seguía latente, una corriente eléctrica estática que amenazaba con volver a encenderse en cualquier momento.Lentamente, con una lentitud deliberada, levanté el torso. Mis manos, que un instante antes la sujetaban con una fuerza posesiva e implacable, se deslizaron hacia arriba co
Última actualización : 2021-11-19 Leer más