La tenue luz azulada del monitor de constantes vitales proyectaba sombras alargadas y rítmicas sobre las paredes blancas de la habitación de la clínica privada. El tic-tac casi imperceptible del suero intravenoso que goteaba gota a gota en el catéter de su mano derecha era el único sonido que competía con el latido frenético de mi propio corazón.Eimi seguía allí, recostada sobre la camilla con el respaldo ligeramente elevado, con la mirada completamente fija en la esquina superior del techo, como si en ese punto exacto se encontrara la única salida de escape a una realidad que la había destrozado por completo. Su rostro estaba pálido, casi translúcido, desprovisto de cualquier rastro de maquillaje, y sus labios, resecos y finos, formaban una línea recta, infranqueable y fría.Yo me había quedado sentado en la silla de plástico rígido situada junto al borde de la cama, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas con fuerza. Llevaba horas en esa misma posición, incap
Última actualización : 2022-04-24 Leer más