La imagen en el espejo ya no era la de un fantasma. Lucian se observó con una frialdad crítica, escrutando cada detalle. El cabello oscuro, antes desordenado y opaco por la falta de aseo y de corte, ahora estaba perfectamente peinado hacia atrás, capturando la luz tenue del vestidor en ondas de ébano pulido. La barba, que había crecido salvaje en la celda y luego de forma irregular durante la convalecencia, había desaparecido, revelando la línea fuerte de su mandíbula y la curva severa de su boca. Su rostro había recuperado su definición escultórica: los pómulos altos, la nariz aquilina, la frente amplia. Pero los ojos… los ojos eran diferentes. De un verde más profundo, más oscuro, como el musgo bajo la sombra de un abeto. Ya no ardían con la fiebre de la supervivencia ni estaban velados por la niebla del dolor; ahora eran fríos, impenetrables, dos gemas talladas en hielo perpetuo. Había vuelto a ser Lucian Giordano. O, al menos, la armadura perfecta de sí mismo. Durante meses, su vi
Last Updated : 2023-06-18 Read more