Lucio no la delató por haber estado escuchando a escondidas; al contrario, la miró con una dulzura como el agua tranquila.—Vámonos, hay que volver —dijo—. Sigamos con la partida de ajedrez.De repente, Neria sintió un escalofrío que no pudo explicar.Se volteó, pero ya no vio a nadie en el pabellón lateral.No sabía que, cuando ella y Lucio se alejaron, Livia se quedó parada junto a la ventana y la miró con odio.Lucio había rechazado a Livia.El corazón le ardía de rabia.Cada vez que veía a Neria, los recuerdos del pasado regresaban.En ese entonces, Neria apenas tenía uno o dos años, y el emperador sentía un cariño especial por esa niña.Niña despreciable: todavía usaba pañales y ya sabía cómo llamar la atención de los hombres.Y ahora, junto al emperador, aparecía otra Remigio.¡Todos los que le quitaban la atención del emperador merecían morir!Livia sonrió un poco, aparentando que era tranquila e incluso sumisa.***Después de encargarse de los asesinos, Claudio escribió una car
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