En su aturdimiento, Claudio vio claro.Quien corría hacia él desde lejos, ¡era Serafina!¡Era su amada, añorada todos los segundos!Se esforzó con todas sus fuerzas, queriendo levantarse.Con un gruñido, se puso de pie y corrió hacia adelante, sin atreverse a demorarse, temiendo que fuera solo una ilusión.Al mismo tiempo, Serafina también se acercaba.Ambos, en la gran nevada, corrieron el uno hacia el otro.Finalmente, se abrazaron en la nieve.Solo al abrazarse, volvieron completamente a la realidad.Claudio abrazó con fuerza a la persona en sus brazos, sin temer más a la nieve.Besó su frente, sus mejillas, sintiendo su calor.Una mano sostenía su nuca, sus frentes se tocaron, sus respiraciones se entrelazaron.En sus oídos, el rugido del viento. Escuchó claramente que ella lo llamaba.—Su Majestad…Claudio sintió su rostro húmedo, se dio cuenta de que lágrimas calientes brotaban. La alegría de recuperar lo perdido era indescriptible.Estaba inmensamente agradecido.Gracias a ell
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