El dueño de la tienda miró el auto estacionado y, al parecer reconociendo a un cliente habitual, se acercó a saludar.—¿Recién sales del trabajo? ¿Vas a comprar cerveza otra vez? ¿La misma marca que la última vez? Nicolás sonrió.—Sí. Lo de siempre.El dueño recordaba bien a los clientes frecuentes, y a este le causaba una impresión particular. La cerveza que no era fácil de vender en la tienda, era la única que a él le gustaba. Al escuchar la voz, Lía se volvió y los miró. Al ver a Nicolás, sus ojos brillaron como si hubiera encontrado un salvador.—¡Eres tú! ¡Perfecto!Nicolás arrugó el entrecejo, pero antes de que pudiera hablar, el dueño le preguntó, confundido:—¿Se conocen?Antes de que él respondiera, Lía se adelantó.—¡Somos viejos conocidos! Definitivamente el cielo me está ayudando. Señor, no se preocupe, ¿cuánto cuesta el power bank? ¡Se lo pago!—Pues puedes pagarlo según el precio marcado si quieres —dijo el dueño antes de regresar a la tienda por la cerveza.—¡Gracias! ¡
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