—Mónica, no me asustes —Álvaro quedó completamente descolocado por su reacción.Sentada en el sofá, con el cabello aún semiseco y algunos mechones pegados a su mejilla, Mónica tenía los ojos vacíos, como si estuviera atrapada en su propio mundo. Al enterarse, admitió que el primer sentimiento que surgió en su corazón fue la decepción. En el fondo, aún albergaba esperanza en la amistad con Valeria. Pero además, se le fueron metiendo adentro la tristeza, el coraje, la envidia y hasta el rencor, una mezcla amarga que no la dejaba en paz.Durante todos esos años, Mónica sentía que siempre se había entregado por completo a Valeria, sin reservarse nada; cada vez que algo ocurría, ella era la primera en aparecer. Incluso después de que Valeria se casara con Sebastián y ya no viniera a la Capital, Mónica a menudo enviaba cosas para ella. Antes de que Valeria se casara, eran casi inseparables. Pero por un hombre, Valeria eligió cortar su vínculo. Ella decía que podían competir justamente,
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