Mientras en Sicilia el sol comenzaba a teñir de sangre el horizonte, en la fortaleza de piedra blanca frente al mar Jónico, el aire estaba viciado por la crueldad. En el sótano de la propiedad, un espacio frío y húmedo que olía a salitre y desesperación, Gabrielle estaba encadenado a una silla de madera. Sus ojos grises, herencia directa de los Lombardi, no mostraban derrota, sino un desafío silencioso que enfurecía a sus captores.Rebeca caminaba de un lado a otro, con una mano presionando el vendaje en su costado, donde la bala de Alessandra le recordaba constantemente su fracaso. A su lado, Karem y Santoro Jr. observaban al niño con sonrisas de desprecio, disfrutando de la caída del heredero de Salvatore.—Míralo, Karem —se burló Rebeca, deteniéndose frente a Gabrielle—. Tiene la misma mirada arrogante de su padre. Cree que es superior a todos nosotros, como si alguien fuera a venir a salvarlo.El pequeño mostró una sonrisa ladina antes de soltar: —No me creo superior a ustedes, lo
Última atualização : 2026-05-12 Ler mais