El caos en el patio central de la fortaleza era ensordecedor. Salvatore se movía con una furia mecánica. Con una cuerda táctica, amarró a Rebeca de pies y manos, ajustando los nudos con una fuerza que hizo crujir sus huesos. Rebeca, lejos de mostrar miedo, comenzó a reír a carcajadas, una risa histérica y rota que recordaba la demencia más pura.—¡La maté, Salvatore! ¡Mira cómo se apaga! ¡La gran Moretti es solo un charco de sangre! —gritaba Rebeca, retorciéndose en el suelo como una serpiente atrapada, con los ojos desorbitados y una sonrisa macabra que no desaparecía a pesar del dolor de su rodilla destrozada.Salvatore, ignorando sus delirios, presionó el comunicador en su oído con mano temblorosa, manchando el dispositivo de rojo.—¡Nick! ¡Alessandra se desangra, maldita sea! ¡Necesito ayuda ahora! ¡Se me va, Nick, se me va! —rugió Salvatore, su voz cargada de una desesperación que nunca antes había dejado escapar.—¡Ya la ayuda va en camino, hermano! —la voz de Nick respondió des
Última atualização : 2026-05-15 Ler mais