El sol no pidió permiso para entrar. Se filtró entre las cortinas translúcidas de la villa, dibujando líneas doradas sobre las sábanas de seda blanca que envolvían los cuerpos de los esposos. Salvatore fue el primero en abrir los ojos. Se quedó inmóvil, disfrutando del peso ligero de Alessandra, quien dormía plácidamente con la cabeza apoyada en su pecho y un brazo rodeando su cintura.El implacable Don de Sicilia, el hombre ante el cual temblaban imperios enteros en Europa, se dedicó simplemente a respirar el aroma a coco y sol de su mujer. Con una lentitud exasperante para no romper su sueño, estiró los dedos y comenzó a delinear la curva de su hombro, bajando por el brazo desnudo hasta entrelazar sus dedos con los de ella.Alessandra soltó un suspiro suave, entreabriendo los ojos. Sonrió a medias, con la voz pastosa y ronca por el letargo.—Me estás mirando otra vez, Lombardi.—Es mi derecho legal, señora Lombardi —respondió él, con una vibración ronca en el pecho que ella sintió d
Última atualização : 2026-05-25 Ler mais