—¿De verdad?—Marcos, ¿es mentira, verdad?Del otro lado, a Elena le atravesó el corazón un dolor agudo, casi incapaz de contener las lágrimas.—Ella miente. Tú y yo solo estábamos actuando, ¿verdad? Solo querías darme celos. Tú no eres así, ¿verdad, Marcos?—Gael y yo solo fingíamos. Ya lo viste. Solo quería que tuvieras celos, que volvieras pronto a mi lado...—Marcos, no sé por qué, pero ya no te entiendo. Yo quería que todo saliera bien, pero siempre lo arruino. ¿Puedes volver a casa conmigo?En ese momento, Elena sentía un dolor desgarrador. Intentaba explicarse desesperadamente, pero las palabras se le atropellaban.La miré, a ese rostro pálido, sin rastro de color.Durante cinco años, ese mismo rostro me había partido el corazón incontables veces.Ahora, no sentía nada. Ni una onda en mi interior.Como siempre: una traición, y se acabó. —Ya estamos divorciados, Elena.Una sola frase, y el rostro de Elena palideció aún más.Valeria, por su parte, también sentía una punzada. Sin p
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