—¿Y si no, qué creías?—Llevamos cinco años casados, y en casa, nunca fue más que mi perro.Elena habló con voz fría, pareciendo un cisne orgulloso y siempre distante.Marcos había sido su perro faldero.Siempre sumiso, aguantando golpes e insultos sin quejarse.¿Por qué, por un pequeño error de ella, Marcos ya no quería seguir siendo su perro?Elena no lo aceptaba.—Je, je, parece que hay quienes nacen con la sumisión y la servidumbre en la sangre, ¿no, Marcos? ¿Acaso debo lanzarte un hueso antes de hablarte?En ese momento, Gael llegó al colmo de la arrogancia. Reía con sarcasmo.El exmarido de Elena era demasiado patético; lo había humillado sin esfuerzo.—Marcos, sé que por dentro sufres, pero ¡te lo buscaste tú solo!—¿Qué pasa? ¿El que quiso divorciarse fuiste tú, y ahora, loco de celos, nos sigues?Elena, con el rostro helado, arqueó una ceja. —Al final, el que sale herido eres tú.—Marcos, ahora que te haces daño a ti mismo... ¿Por qué te molestas?Tras sus palabras, Elena sint
Read more