—Espera, Elena, déjame explicarte...Samuel soltó una risa incómoda, presa del pánico.Pero Elena, frente a él, no mostró ninguna expresión.Solo, en silencio, sintió que su corazón se hacía añicos.—Marcos, lo siento...—Es absurdo. Por el hijo de mi primer amor, llegué a creer que tú, con quien compartí tantos años, me habías sido infiel. Con razón te fuiste tan decidido.Elena miró dentro de sí. No había sido una buena esposa, ¡ni siquiera una aceptable!Tras esta revelación, dos lágrimas claras rodaron inconscientemente por sus mejillas.Samuel, al verla, pensó que lloraba por su engaño y se apresuró a explicar: —Elena, en realidad, a Marcos nunca le faltaron mujeres, ¡eso lo sabemos ambos!—Ya están divorciados. Cuándo te fue infiel ya no importa. Ahora nosotros tres estamos juntos, ¿no es eso bueno?—¿Para qué obsesionarse con esas tonterías? Mira, hasta asustaste a Lucas.Al terminar Samuel, Lucas lloró aún más fuerte, como para darle la razón.—Sí, tienes razón.Elena asintió c
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