Una voz de mujer, con cierto tono de prueba, llegó desde la ventanilla del auto.Giré la cabeza y mis ojos se encontraron con los de Iris.Al confirmar que era yo, se puso muy contenta de inmediato, se acercó llevando dos botellas de licor importado.—¡Qué casualidad! ¿Tú también vives aquí?—Sí, ¿tú también? —pregunté, sorprendido, al ver a Iris tan arreglada.—No. Vine de visita a casa de una amiga.Iris negó con la cabeza, sonriendo, dijo: —No me imaginaba que un jefe tan importante como tú viviera en un apartamento. Pensé que vivirías en una villa.—Trabajando en ella. —respondí con una sonrisa.—Bueno, veo que tienes que salir, no te molesto más.Iris, con delicadeza, dio medio paso atrás y añadió: —Todavía no te he agradecido bien por lo del otro día. Cuando tengas tiempo, te invito a comer.—De acuerdo. Me voy.Asentí, me despedí de Iris y me alejé de inmediato.Sin que yo lo supiera, ella se quedó allí, observando mi figura alejarse, y murmuró para sus adentros: —Hasta ahora, e
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