Por un lado, su mejor amiga. Por el otro, el hombre por quien sentía algo.Iris quería alegrarse por ellos, pero la felicidad no llegaba.Aquel sentimiento complejo, aún en ciernes, lo reprimió con fuerza en lo más hondo de su corazón.“Marcos, ojalá hubieras aparecido antes en mi vida.”“Si yo te hubiera conocido primero...”“Pero Marcos, por poco, por muy poco, me enamoro de ti.”Un lamento interno, una resignación inevitable.En ese momento, solo podía presenciar la felicidad de su amiga y desearle lo mejor en silencio.Mientras tanto, Camila, sin notar su turbación, observaba a Marcos comer con total dedicación, dejando escapar una sonrisa dulce de vez en cuando.Diez minutos después, terminé el último bocado de la lonchera, me recliné satisfecho en la silla de la oficina y solté un pequeño eructo.—¡Qué bien!—Mira cómo estás, no pareces un joven empresario exitoso. —dijo Camila riendo mientras se levantaba para recoger los utensilios.Yo, algo avergonzado, intenté detenerla: —Cam
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