Todas las miradas del salón cayeron sobre Sofía al mismo tiempo. Sorpresa, asombro, envidia.Sofía ni se inmutó.Sin darle tiempo a nada, escuchó la voz de Alejandro, baja y sin emoción, solo para ella.—Espérame en el cuarto de descanso cuando termine.Y sin darle tiempo a responder, ya se había dado la vuelta y caminaba hacia donde estaba Florencia. Delante de todos, le tomó la mano y la llevó al centro del salón. Florencia, sonrojada y sonriente, lo siguió.Varias personas pusieron cara de “ya lo sabía” mientras cuchicheaban entre sí, mirando primero a la pareja y luego a Sofía.—Siempre lo dije. El señor Alejandro nunca quiso ese matrimonio, y todos estos años siguió buscando a la señorita Díaz. Con ella de vuelta, obvio que la va a elegir a ella.—Igual es raro que primero fuera a buscar a Sofía.—Para humillarla, ¿no? Después de hacer sufrir cinco años a su verdadero amor.—Pobrecita.—¿Pobrecita? Ella fue la que destruyó un compromiso para meterse en esa relación. Se lo buscó.S
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