Mientras más serio se ponía Alejandro, peor se sentía Jimena.En realidad, con Sofía fuera de la escena, bien podría decir que la comida siempre había sido cosa suya, que los peces eran la única excepción. Pero le daba miedo que Alejandro no le creyera y la mandara directo a la cocina a demostrarlo. Ahí sí que se caía todo.No entendía por qué Alejandro de repente estaba tan interesado en estos detalles.Aun así, no paraba de buscar una salida. Podía decir que era Sofía la que insistía en meterse a cocinar, que ella solo le daba una mano de vez en cuando. O que no cocinaba porque Sofía no la dejaba. Total, Sofía no estaba para desmentirla, y Alejandro le creería cualquier cosa.Pero antes de que pudiera abrir la boca, él preguntó con un tono que daba miedo:—¿Qué más?—¡Nada más! Solo esas cosas las hacía la señorita Herrera, todo lo demás lo hago yo y lo hago bien —respondió Jimena sin titubear.Pero Alejandro vio algo en sus ojos. Un destello, apenas un segundo, pero suficiente.Reco
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