Sofía volteó, extrañada.La noche estaba bien oscura y los faroles de la calle echaban una luz amarillenta y débil, como si ellos también estuvieran agotados.Alejandro tenía puesto solo una camisa blanca y un chaleco negro. La luz le caía encima y, comparado con lo distante y agresivo que solía ser, ahora tenía algo distinto, se veía algo más tranquilo. Por cómo respiraba, debía haber venido apurado. Cuando la vio voltear, fue aflojando el paso hasta quedar parado frente a ella, caminando pesadamente.El Alejandro de esa noche parecía un chico al que le habían quitado lo que más quería.No era el de siempre.Al verlo así, Sofía se tragó todo lo que tenía listo para responderle.—¿Qué te pasó? —preguntó, y sin querer, le salió la voz más suave.Alejandro se detuvo en seco.No supo qué contestar.¿Qué le pasaba? Ni él mismo lo tenía claro.Miró el edificio viejo y descuidado que tenía enfrente, y pensó en el cuartito pequeño y apretado que Sofía rentaba ahí arriba. Algo le apretó el pec
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