En ese momento, Adrián la miró a los ojos y, por un largo rato, no respondió.Olivia asintió.—Por lo visto, tú tampoco lo sabes.—No, sí lo sé —se apresuró a decir Adrián.Olivia se quedó esperando a que hablara.—Sé que no tenía novia. —Adrián bajó la cabeza con una sonrisa, y cuando volvió a levantarla, su sonrisa era extraña—. Pero no sé quién es la bailarina.Olivia arrugó la frente y se quedó pensando un largo rato. Recordó al hombre del sueño de la noche anterior, aquel que conducía a toda velocidad por la línea costera, y aun ahora, despierta, le parecía sentir todavía la fuerza y la vitalidad arrolladora que él desprendía.—¿Qué sucede? —Adrián notó que su expresión era extraña.Olivia suspiró.—No sé cómo decirlo. A veces somos muy contradictorios. Él era una persona tan buena que pensar en que estuviera tan solo, sin que nadie lo haya amado, me parece una lástima. Pero, por otro lado, también pienso que, si alguna chica en serio lo amó, ¿cuánto habrá sufrido al perderlo? ¿Cu
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