Santiago no subió al podio; en cambio, tomó a Olivia de la mano y se colocó con ella bajo la pantalla gigante, para que ambos quedaran alineados con la imagen congelada que se proyectaba allí.Si hasta hacía un momento el prefecto no había alcanzado a verle bien la cara a Santiago, ahora, al reconocer que era idéntico al de la pantalla, se puso pálido.Santiago seguía sonriendo, listo para hablar. Aunque el director estaba tan avergonzado que habría querido que se lo tragara la tierra, le dio el micrófono. Lo primero que dijo Santiago al tomarlo fue:—Esa foto quedó bastante bien.El público quedó en silencio.Santiago miró primero al prefecto, que estaba a un costado del estrado, pálido y sudando frío, y luego recorrió despacio los rostros del público, unos asustados, otros curiosos y otros culpables.—Por lo visto… —continuó Santiago—, antes de expresar mi “buena voluntad” hacia la labor educativa de esta institución, debo agradecer a cierta persona considerada que preparó este… inge
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