로그인Santiago no subió al podio; en cambio, tomó a Olivia de la mano y se colocó con ella bajo la pantalla gigante, para que ambos quedaran alineados con la imagen congelada que se proyectaba allí.Si hasta hacía un momento el prefecto no había alcanzado a verle bien la cara a Santiago, ahora, al reconocer que era idéntico al de la pantalla, se puso pálido.Santiago seguía sonriendo, listo para hablar. Aunque el director estaba tan avergonzado que habría querido que se lo tragara la tierra, le dio el micrófono. Lo primero que dijo Santiago al tomarlo fue:—Esa foto quedó bastante bien.El público quedó en silencio.Santiago miró primero al prefecto, que estaba a un costado del estrado, pálido y sudando frío, y luego recorrió despacio los rostros del público, unos asustados, otros curiosos y otros culpables.—Por lo visto… —continuó Santiago—, antes de expresar mi “buena voluntad” hacia la labor educativa de esta institución, debo agradecer a cierta persona considerada que preparó este… inge
Al revisar, vio que era otro mensaje de Santiago. Lo abrió enseguida y leyó la respuesta:“Por ahora no hace falta que te disculpes. Sigamos con el proceso de la donación”.El director quedó atónito. ¿De verdad seguiría adelante con la donación?“¡Muy bien, señor Muñoz!”, respondió al instante.Mientras se hiciera la donación, después podían pedirle a él, como director, cualquier cosa. Lo que fuera. Luego se quedó viendo a Santiago entrar a las filas del salón del grupo de Comunicación y Diseño. Su llegada provocó un pequeño revuelo entre los estudiantes. Sobre todo, porque se dirigió hacia donde estaba Olivia.Los alumnos y los profesores cercanos alternaban la mirada entre él y la pantalla gigante, comparaban las dos caras y llegaban a la misma conclusión. ¡Era el hombre que aparecía en la pantalla junto a Olivia! Pero ¿ahora qué estaba pasando?Cuando Santiago se detuvo al lado de Olivia, a los profesores y alumnos de alrededor les incomodó seguir mirando y desviaron la vista hacia
—¿Verdad? ¿A quién habrá ofendido Olivia para que quieran hacerle esto? Daniela, ¿cómo puedes no estar enojada?¿Cómo no iba a estar enojada? Claro que conocía al hombre. Era el primo de Olivia. Miró de reojo a Adrián y él tampoco parecía molesto.Y si él no estaba molesto, era porque, de algún modo, se había enterado de que el donante de ese día era el primo de Olivia. A esas alturas, ¿no estarían pensando los dos exactamente lo mismo?Solo les quedaba esperar tranquilos a que apareciera el primo de Olivia y ver cómo terminaba esa farsa. Daniela echó un vistazo al grupo de Comunicación y Diseño y vio que Olivia seguía tranquila.Ella también sabía que sus compañeros de grupo la observaban. Algunos le preguntaban en voz baja a Leonardo, que tenía muy buena relación con ella.Él se limitó a sonreír con desprecio. La profesora Mercado, su tutora, era la más indignada de todas. Se acercó a Olivia y se inclinó hacia ella, preocupada.—Olivia, voy a hacer que lo paren.En realidad, ya había
En el estrado sonó la música; los directivos ya estaban sentados y los invitados se preparaban para ocupar sus lugares. La ceremonia estaba por comenzar.El director fue en persona a la parte de atrás para revisar por última vez el programa y los preparativos, pero se encontró con que Itzel sostenía el ramo de flores.Se le descompuso la cara y encaró a la profesora encargada del consejo estudiantil.—¿No habíamos quedado en que Olivia entregaba las flores?La tutora se puso rígida y miró de reojo al prefecto. El director, perspicaz como era, se volvió.—¿Fue idea tuya?Al prefecto empezó a sudarle la frente y respondió con una sonrisa servil:—Es que… ¿no ve todos los escándalos que ha armado Olivia últimamente? Y apenas ayer le tomaron unas fotos en las que estaba de cariñosa con un hombre extraño. Ya corrió por toda la escuela el rumor de que él la mantiene. Dejar que ella entregue las flores no convencería a nadie y, además, nos haría quedar en ridículo ante los invitados, ¿no le p
La profesora quedó paralizada.—Profesor, esto… La lista y el protocolo ya están definidos; Olivia también está lista. Cambiar a alguien a estas alturas…—¡Si digo que se cambia, se cambia! —la interrumpió el prefecto, impaciente. Sacó el celular y casi le estampó la pantalla en la cara, dándole varios golpecitos con el dedo—. ¡Mire! ¿Con qué derecho va a representar a la escuela una estudiante así y entregar las flores en una ocasión tan importante? Eso mancharía el nombre de la preparatoria.En la pantalla había una foto de Olivia y Santiago, a la entrada de la escuela, en el instante en que él levantaba la mano para acomodarle el cabello que el viento le había desacomodado.El prefecto fue mostrando varias fotos una por una. En ellas se veía a Olivia y Santiago de camino a un restaurante, Santiago sirviéndole de comer, los dos paseando y Olivia, cansada, apoyada en el hombro de su primo…Varios profesores y miembros del consejo estudiantil encargados del protocolo alcanzaron a ver l
No tenía ganas de lidiar con Itzel, así que salió a toda prisa a contestar la llamada.—Santiago, ¿cuándo volviste? ¿Por qué no me dijiste?—Llegué hoy —dijo Santiago al otro lado de la línea—. ¿Tienes tiempo para que te invite a comer?Olivia sonrió.—¡Claro que sí!—Sal.—¿Eh? —Olivia bajó las escaleras a toda prisa, celular en mano. ¿Ya estaba ahí?Corrió hasta la salida del colegio y vio, enfrente, el auto de Santiago estacionado bajo la sombra de los árboles. La ventanilla bajó y dejó ver a Santiago de perfil, con facciones marcadas y una sonrisa apacible. Al verla salir, Santiago se bajó del auto.Olivia se acercó trotando hasta quedar frente a él.—Santiago, ¿por qué no vienes a comer a la casa?Ella siempre se había sentido así de cercana a Santiago, con toda naturalidad, porque ella y su primo habían convivido durante años, en otra época y en otro lugar. Eran parientes de verdad.—Me quedaba de paso y aproveché para conocer tu escuela. —Santiago sonrió y levantó la mano para a







