Cuando recuperé levemente la consciencia, sentí que alguien me levantaba… y, un par de segundos más tarde, me encontré en los brazos de Cassian.—Suéltame —mi voz salió débil, pero firme.—No te pongas difícil —repuso Cassian con un tono que no admitía discusión.No me dio ni oportunidad de resistirme, ya que, en un simple parpadeo, me metió al auto.El aire caliente del calefactor me golpeó de lleno y, poco a poco, le fue arrancando la frialdad a mi cuerpo.Cassian tomó una toalla seca y me frotó el cabello y la ropa empapada con movimientos rápidos, casi bruscos, antes de arrancar.Cuando volvimos a bajar, me di cuenta de que me había llevado a un departamento en el centro. Y, dado que ya no me quedaban fuerzas para pelear, lo dejé que me cambiara, me limpiara las heridas y me pusiera pomada, antes de cubrirlas. Nunca imaginé que en esta vida Cassian y yo compartiríamos, aunque fuera, una sola hora de paz.Mientras yo estaba aturdida, apenas despierta, él me miró… y me cubrió la man
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