La reacción del retratista fue calmada: —Sr. López, necesito regresar para restaurar este dibujo.—Lo más pronto posible, quiero ver el resultado final.Polo asintió, indicando a Andrés que lo acompañara a salir.Natalia bajó su vista: —¿No describí con suficiente claridad?—No debas preocuparte.Al ver su expresión de culpa, Polo quiso consolarla, pero no supo por dónde empezar, así que habló con rudeza: —Si no te sientes bien, duerme un rato, no te fuerces.Natalia no insistió.Le dolía mucho la cabeza, como si los efectos de la droga aún no hubieran desaparecido.Durmió hasta la tarde del día siguiente. Al abrir los ojos, un suave aroma a comida entró con la brisa al abrirse la puerta de la habitación.—Por fin despiertas, de verdad sabes dormir.La mano de Polo descansaba en el picaporte, seguido, como siempre, por Andrés, quien no se separaba de él.Al entrar, caminó hacia la cama y ayudó a Natalia a desplegar la mesita lateral, luego se sentó: —Te traje comida, come algo.Ap
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