Sania se acercó a Polo con elegancia. Al ver aquellos ojos fríos, no pudo evitar un leve estremecimiento.Esbozó una sonrisa y lo saludó:—Polo, has llegado.Aquellos ojos, ciertamente, se parecían mucho a los de Natalia. Pero había algo diferente.Polo no lograba distinguirlo, así que desvió la mirada.—Sí, cuánto tiempo sin vernos.Levantó ligeramente la copa y dio un pequeño sorbo de vino tinto.Estrella estaba a su lado. Vestía de forma coqueta y divertida, muy acorde con su personalidad.Sania sabía bien que, aunque Polo mantenía una relación fría con los demás hermanos en la familia Hernández, Estrella era una excepción, Polo la quería mucho.Pensó que, si algún día se casaba con Polo, más le valía tener una amiga que una enemiga dentro de la familia.Tras meditarlo, sonrió y dijo:—Estrella, hoy estás preciosa. —No me imagino qué clase de galán será digno de una belleza como tú.Al oírla, Estrella sintió náuseas.No sabía que Natalia había vuelto, ni que Sania ya se había re
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