Julieta apretó el volante con fuerza. Su cuerpo se inclinó hacia adelante y, por un instante, su mente quedó completamente en blanco.Enseguida vio cómo se abría la puerta del Bentley. Héctor bajó y le lanzó una mirada fría.Julieta volvió en sí, soltó el aire y, después de tranquilizarse, se recostó en el asiento sin intención de bajar del carro.Héctor caminó hacia la parte trasera del vehículo para revisar el golpe y luego se acercó a la ventanilla del conductor de Julieta, levantando la mano para golpear suavemente el cristal.Julieta bajó la ventanilla y lo miró. Antes de que él hablara, dijo directamente:—No te preocupes, lo resolvemos con el seguro.Héctor levantó la muñeca y miró la hora en su reloj.Con tono indiferente respondió:—Ahora mismo voy camino a hablar de un negocio. Me hiciste perder tiempo. ¿Cómo piensas compensarlo?Julieta lo miró con incredulidad.Reconocía que el tiempo de alguien como Héctor podía medirse en segundos, pero aun así se sorprendió por su desc
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