Julieta avanzaba sin cesar. Al mediodía apenas había comido algo y ahora, con el frío y el hambre, empezó a sentir molestias en el estómago.Tras caminar más de media hora, por fin llegó a la puerta principal.Cuando estaba a punto de salir, el guardia de seguridad la detuvo.—Señora Julieta, el señor Héctor le pide que regrese.Julieta guardó silencio un instante. Sabía que no era por preocupación.—No voy a volver —dijo, sujetándose el vientre, y trató de seguir avanzando.El guardia volvió a interponerse.—No podemos dejarla salir. Está embarazada, hace frío por la noche... si le pasa algo, no podemos asumir esa responsabilidad. Por favor, regrese.Julieta lo miró, exhaló lentamente y dijo con calma:—¿Podría prestarme un celular para hacer una llamada?—Lo siento, señora Julieta —respondió el guardia.Julieta permaneció allí, inmóvil, sintiendo cómo la molestia en el vientre se intensificaba.En ese momento, se escuchó el sonido de una bocina detrás de ella.Julieta se dio la vuelt
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