Pero ¿por qué hoy no se veía a la esposa de Héctor?La gente sentía curiosidad, aunque nadie se atrevía a preguntar.Héctor acomodó a la bebé en la carriola. Doña Gómez y Don Gómez se acercaron de inmediato, mirándola con una alegría imposible de ocultar.Doña Gómez colocó frente a Sofía una joya de su colección, valuada en cientos de millones, y le preguntó:—¿Te gusta?Sofía abrió los ojos bien grandes y la miró, sin mostrar ninguna reacción especial.—Sofía, mira mi regalo —dijo Don Gómez, sacando un sonajero hecho a la medida, tallado en madera de caoba, con dibujos en el parche que él mismo había pintado.Celeste y Juan también habían preparado regalos con mucho cuidado, esperando arrancarle una sonrisa a Sofía.Pero Sofía solo parpadeaba, observándolos con atención.Doña Gómez suspiró, emocionada.—De verdad es idéntica a ti, Héctor.En ese momento, Sergio sacó la medalla religiosa que llevaba en la mano y la agitó frente a Sofía:—¿Te gusta esta?Sofía miró la medalla y, de pro
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