Emanuel no pudo evitar exclamar:—¡Qué tiro tan limpio!Héctor dirigió la mirada hacia Julieta.Julieta levantó los ojos y lo miró con frialdad.—Te toca.Héctor apartó la vista y caminó hacia el otro lado de la mesa.Ese tiro decidiría todo.Ele deu a tacada, e tanto a bola colorida quanto a bola oito caíram nas caçapas.Emanuel protestó con disgusto:—Si no hubieras sido tú quien abrió la partida, Bianca habría ganado seguro.Durante todo el juego, Julieta no había cometido ningún error. Héctor tampoco. Y ninguno de los dos había cedido lo más mínimo.—¿Bianca, quieres otra partida? —preguntó Emanuel.En ese momento, Julieta miró a Héctor. Sus miradas se encontraron.Los ojos negros de Héctor eran profundos y oscuros.De pronto, el aire alrededor pareció volverse frío y silencioso.Julieta estaba a punto de decir algo cuando una voz interrumpió.—¡Héctor!Era Adriana, que entraba en la sala acompañada por una amiga.En cuanto vio a Julieta, su expresión se volvió fría. Apretó los
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