—En mi opinión, tu esposa no va a ceder tan fácilmente. Será mejor que te prepares mentalmente —dijo Jairo.—¿Y quién sabe qué pasará más adelante? —respondió Héctor.Era un asunto que debían haber hablado al mediodía, pero él apenas había podido ir a verlo hasta ahora.***Ese día, Julieta volvió a Costa Dorada.Héctor no estaba.Julieta le preguntó a la niñera:—¿Sofía ya se durmió?—Todavía no. La señora Celeste está en la recámara acompañando a Sofía.Al escuchar eso, Julieta se quedó inmóvil un instante.Subió las escaleras y, al detenerse frente a la puerta, oyó la risa de Sofía dentro de la recámara.Con Celeste acompañándola, Sofía estaba de muy buen humor.Julieta volvió a bajar, se sentó en el sofá de la sala y encendió la televisión.Aproximadamente media hora después, escuchó movimiento en el piso de arriba, pero no volteó.En cuanto Celeste vio a Julieta, su expresión cambió de inmediato.Caminó hasta ella, se sentó enfrente, cruzó las piernas y los brazos, y alzó ligerame
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