Joel soltó una risa baja.—Veo que te importan muy poco los asuntos de tu hermana. Después de todo, cuando vivías bajo el techo de la familia Quintana, dependías de Guadalupe y de ella, ¿no? Escuché que antes incluso mandaste a Guadalupe al hospital de puro coraje. Vaya que eres despiadado. Si así tratas a tu propia madre, la verdad nosotros no podemos compararnos con tus métodos. Jajaja.Por supuesto, Joel ya había mandado investigar la situación de Jairo con la familia Quintana.Con esas palabras, poco le faltó para decir abiertamente que Jairo antes no era más que un perro de la familia Quintana, que se había levantado gracias a las mujeres y que ahora, al darles la espalda, no era más que un ingrato.El rostro atractivo de Jairo permaneció sereno, sin la menor fluctuación de emoción en los ojos. Incluso le agradeció al empleado que le sirvió café.Héctor lo miró de reojo.Joel extendió la mano y acarició al perro lobo agazapado a un lado. Luego dijo, con evidente doble sentido:—
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