Brenda miraba a Héctor con sus ojos color ámbar llenos de expectativa.Héctor alzó la mirada hacia Julieta y Sofía, que bajaban las escaleras. Después extendió la mano, recibió la taza de café y dio un pequeño sorbo. El café tenía un aroma intenso y profundo.—Papá.Sofía lo llamó y corrió hacia él.Héctor dejó la taza de café.Brenda se volvió para mirar a Julieta y le mostró una sonrisa suave y hermosa, como la de un ángel. La saludó con naturalidad y familiaridad:—Bianca, buenos días.Julieta la miró.Brenda caminó hasta ella, le tomó la mano y dijo con una gratitud que no intentaba ocultar:—Gracias por permitirme venir a vivir aquí.Julieta no pudo evitar fruncir el ceño.Brenda tenía unos ojos claros y limpios, y una expresión tan feliz como la de alguien que acababa de probar su postre favorito.En ella, Julieta no alcanzaba a ver cálculo, codicia ni engaño.Incluso, por un instante, tuvo la impresión de que Brenda decía la verdad.Se quedó inmóvil unos segundos, retiró la m
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