Mamá, yo también te extrañé muchísimo, muchísimo, muchísimo… te extrañé un millón —Cecilia la abrazó con fuerza, frotando su cabecita contra su cuello con cariño, su voz suave y dulce—. Mamá, mira, ¿no crees que ya crecí? Desde que estoy aquí, no me ha dado ni una sola vez la rinitis. La abuela dice que estoy cada vez más fuerte, y que pronto podré protegerte.—Qué bien, Cecilia ya venció al monstruo de la rinitis.En ese momento, Teresa salió de la cocina al escuchar las voces.—Noelia, ya regresaste.—Mamá.—¿Tienes hambre?—Estoy bien.—Espera un poco, Julieta y Elena fueron al pueblo a comprar el pato asado que te gusta. Cuando regresen, llamamos a tus tíos y ya podemos comer.Apenas terminó de hablar, se escuchó el sonido de un coche deteniéndose frente a la puerta.—¡Ya llegamos! —era la voz de Julieta.Julieta había regresado la semana pasada. Después de que terminaron sus clases, aún trabajó una semana más dando tutorías, pero como sus empleadores se fueron de vacaciones, enton
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