—Alicia, ya, déjalo así —Noelia detuvo a su amiga de inmediato—. No tiene caso hablar con ella. Voy a esperar a que Marcos regrese para aclarar las cosas.—Pero es que me hierve la sangre que te traten así —rezongó Alicia, todavía echando chispas.—De todos modos, esa nunca fue mi casa.Entre más serena se veía Noelia, más le dolía a Alicia verla tan entera.—Noelia, ni lo pienses, tú te puedes quedar en mi casa todo el tiempo que quieras. Jamás te correría. Es más, si quieres, ¡la casa es toda tuya!Noelia soltó una carcajada, esta vez más sincera.—Ya lo veo. Más vale confiar en las amigas que en los hombres… y hasta mejor que en una misma.—Así se habla, aquí tu amiga te rescata. Anda, súbete al carro, que ya nos vamos.—Está bien.Noelia terminó instalándose otra vez en Altavista Residencial. Siguió con su rutina de siempre, dividiéndose entre su empleo y los trabajos por fuera. Durante ese tiempo, Marcos seguía en Altamira y casi no habían cruzado palabra. Ella pensaba soltarle
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