—De acuerdo.El clima del desierto era, tal como Marcos había advertido, de lo más traicionero. Por la mañana, el cielo estaba completamente despejado y el ambiente era de lo más agradable, pero al acercarse el mediodía, el horizonte comenzó a teñirse de unas nubes densas y amarillentas.Al principio nadie le dio importancia, pensando que solo era polvo a la distancia. Pero en un abrir y cerrar de ojos, aquellas nubes se expandieron y avanzaron a toda velocidad, devorando el cielo azul. La luz del día se apagó de golpe. El viento soplaba cada vez con más fuerza, aullando y levantando ráfagas de arena que golpeaban con fuerza en la cara.—¡No puede ser, se viene una tormenta de arena! —gritó alarmado el guía, haciendo señas desesperadas—. ¡Rápido, muévanse, busquen refugio ya mismo!De inmediato, todo se volvió un caos. Presas del pánico, los turistas agarraron lo que pudieron y corrieron a refugiarse en medio de aquella densa cortina de arena.A Noelia el viento apenas le permitía a
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