Desde que se volvieron a ver, él se la pasó poniéndola a prueba, buscándola, poseyéndola, perdiendo el control, buscando venganza, peleando... Hizo hasta lo imposible, por las buenas o por las malas, para demostrar que el tiempo y la distancia no habían logrado separarlos. Ese torbellino de emociones intensas era su manera de percibir su existencia, la única prueba que tenía de que lo suyo todavía no había llegado a su fin.Hasta que la vio ahí, tendida en esa cama de hospital, casi sin vida, como una muñeca de porcelana que se rompería con solo tocarla. Fue en ese preciso instante cuando cayó en la cuenta de lo terriblemente equivocado que estaba.—Ahora entiendo que, ya sea amor o resentimiento, nada de eso importa más que su bienestar.Si ella ya no lo amaba, que así fuera. Con tal de que estuviera a salvo y con salud, aunque pasaran a ser dos extraños, aunque no volvieran a cruzarse en la vida, le bastaba con saber que ella andaba por algún rincón del mundo, respirando y viviendo
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