Mónica se mordió el labio instintivamente. Mañana su padre regresaría del extranjero y, pasara lo que pasara, ella debía volver a Villa Milagros; no sabía cuánto tiempo pasaría antes de poder regresar a este lugar.Aunque su abuela estaba aquí, en su ciudad natal aún quedaban muchos asuntos pendientes y, además, desconocía el motivo por el cual su padre quería verla. Tras reflexionar un momento, respiró hondo y dijo al celular:—Director, hagamos esto: iré para allá esta tarde, ¿le parece bien?—Sí, sí, por supuesto —respondió el director con un tono de alivio absoluto—. ¡La estaremos esperando en el jardín botánico, muchísimas gracias, doctora!Al colgar, el director soltó un largo suspiro. Se giró con respeto hacia Julio y dijo:—Asistente Julio, asunto arreglado. La doctora vendrá esta tarde.Julio asintió con un "sí", mientras tamborileaba sus dedos sobre la rodilla con parsimonia. Anoche, al volver a la mansión familiar, les contó a todos que su tío, por primera vez en la vida
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