Los dos se quedaron estupefactos al instante. Kenny, que había estado observando la escena en silencio desde un lado, torció la boca en un tic rápido, casi incapaz de contener la risa. No se esperaba que la esposa de Rafael, que parecía tan dócil y sumisa, resultara ser una rosa llena de espinas.Rafael fue el primero en reaccionar:—¡Mónica! ¡¿Qué estupideces estás diciendo?!Paloma también volvió en sí, con el pecho agitado por la indignación.—Mónica, por consideración a Rafael, le advertí de buena fe para que no afectara su reputación por un simple collar, ¡¿y usted me calumnia de vuelta?! ¡Qué malagradecida! Giró hacia Rafael, sentenció: —Rafael, queda claro que es mejor que no me meta en tus asuntos familiares.Dicho esto, dio media vuelta y caminó hacia el salón de descanso con sus tacones resonando con fuerza. Rafael, por puro instinto, hizo el amago de seguirla.Al notar ese leve movimiento, Mónica soltó una risa cargada de desprecio.—Rafael, estos cuatro años han sido co
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