Ya no era algo que pudiera describirse solo como lujoso.Era un símbolo de poder y de posición.—¿Te gusta? —preguntó Rafael, que había notado el asombro en sus ojos. Sus ojos, oscuros y profundos, la miraban con ternura.Vanessa volvió en sí y le sonrió. —En Cartaluz algo así no sería posible.—Entonces lo compramos aquí.La voz de Rafael era cálida y suave, como si dijera la cosa más normal del mundo, pero con una autoridad y una seguridad absolutas.Ella no dudaba ni un momento de su capacidad. Antes de que pudiera decir algo, una voz femenina y cristalina resonó en la estancia. —Rafa…Vanessa dirigió la mirada hacia allá. Como un destello, aquella silueta llegó ante ellos. La cara habitualmente altiva irradiaba, por una vez, pura alegría.—Pensé que no vendrías. Gracias. Sabía que no podrías estar tranquilo si yo estaba triste.Camila llevaba esa noche un vestido de gala imponente y el cabello peinado con esmero. Bajo la luz, su porte era distinguido y llamaba la atención.Pero s
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