—¡Es una descarada! Y se supone que viene de buena familia, mira las bajezas que es capaz de hacer.—Ni que lo digas, nos hace quedar mal a todas las mujeres.Esos insultos despiadados contra Vanessa llovían de todas partes, y sin embargo ninguno de los Cisneros, que conocían la verdad, salió a defenderla. Édgar quiso hablar, pero Yolanda lo sujetó con fuerza del brazo.—En este momento, mientras más expliques, peor se pone. Deja que ella lo resuelva sola.Roberto tenía la cara desencajada y el pecho agitado de la furia. Pero confiaba en su nieta: si ella decía que podía resolverlo, podía hacerlo.—Que todo el mundo se calme —ordenó Antonio—. Lo que están diciendo en redes es pura maldad, nada más para levantar falsos. Cuando llegue Rafael, todos van a conocer la verdad.—Abuelo, deja de proteger a Vanessa —dijo Natalia con seguridad—. Rafael no viene porque seguro se quedó consolando a su esposa.Alexis insistió:—Vanessa, Rafael no es para ti. Solo tienes que decir una palabra y acla
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