Natalia se irguió y la miró de reojo.Sin decir una palabra, volvió a inclinarse, con su cuerpo seductor sobre la cara de Alexis, y le sopló el aliento.—Alexis, parece que Vanessa ya sabe que tú no eres su salvador. ¿Qué vamos a hacer?La conciencia de Alexis estaba nublada, pero esas palabras le provocaron una reacción intensa.—Imposible, ella… no puede haberse dado cuenta. Ya son diez años y nunca se dio cuenta. Es imposible que sepa que yo lo supliqué…Alexis sonaba agitado, aunque solo recobró la lucidez unos segundos antes de que la droga volviera a dominar su mente. El cuerpo le ardía, como si lo estuvieran asando en un horno.Los dedos de Natalia le acariciaron la cara; ese tacto frío se hundió en la fiebre que lo consumía y le trajo tal alivio que él le aferró la mano en su cara.—Vanessa, no te vayas, quédate conmigo. Aunque no sea tu salvador, yo… yo también puedo tratarte bien…Vanessa quedó paralizada, con los ojos muy abiertos. Fue como si le vaciaran un balde de agua co
Read more