—No digas eso, no seas cruel contigo misma —murmuró Rafael.La abrazó con más fuerza, con una tristeza que lo superaba, y la arrulló una y otra vez.Vanessa estaba atrapada en sus recuerdos. Su cara reflejaba dolor, sus lágrimas caían en silencio, y entre sollozos repetía la misma frase, al borde del colapso.—Fue mi culpa, no lo entiendes... Fue culpa mía, todo eso lo provoqué yo.Vanessa se aferró a su ropa con las manos, haciendo todo lo posible por contenerse, pero no lo logró. Aunque no emitía ningún sonido, su expresión de dolor resultaba desgarradora; daban ganas de cargar con ese sufrimiento en su lugar.—Tontuela, no digas eso, ¿ya no te acuerdas? No te eches la culpa a ti misma —dijo Rafael, intentando consolarla, pero aparte de abrazarla, no encontraba las palabras.Su muerte fue demasiado brutal. Aquel accidente de tránsito había acaparado los noticieros durante semanas, y la industria de los autos eléctricos quedó envuelta en un escándalo. Incluso el Grupo León y los Zárat
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