Vanessa sintió que el alma le volvía al cuerpo y rio.—Así es, te extraño. Termina temprano esta noche y vuelve pronto.Del otro lado se escuchó un revuelo, aunque el ruido fue muy tenue, casi como el de un animalito.—¿Qué fue ese ruido?Tras un instante de silencio, Rafael respondió:—Nada, sin querer tiré algo.Hizo una pausa y añadió:—Hoy por la noche tengo algo que hacer. Puede que tarde un poco. Si tienes hambre, no me esperes para comer.—Bueno, el señor Cisneros es un hombre muy ocupado. Yo aquí lo espero tranquila —bromeó Vanessa, aunque aceptó sin chistar.—Así me gusta.Rafael sonó mimoso, pero su mirada era como el filo de una navaja, clavada con furia en Camila.En ese momento, ella tenía la boca tapada por la mano de él y estaba acorralada contra la pared. Con el cabello revuelto y una mirada desafiante, el forcejeo de hacía un momento había sido ella luchando por hablar.Cuando Rafael escuchó el tono de llamada finalizada, bajó el teléfono. La mano que cubría la boca de
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